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25 años sin César

Lanzarote, con más del doble de habitantes y turistas, recuerda al artista con nostalgia y esperanza

Hace hoy 25 años. Aquel 25 de septiembre de 1992, quedó marcado a sangre y tragedia en el corazón de todos los lanzaroteños que estaban o que vinieron después. Un accidente de tráfico sobre las 14:15 horas, en el cruce de acceso a la Fundación César Manrique. cambió la historia de esta isla y acabó con la vida de César Manrique, el artista universal lanzaroteño que inventó la simbiosis hombre- naturaleza y colaboró de forma decisiva en el desarrollo de Lanzarote y su apuesta por el turismo que hoy mantiene su economía.

 

César Manrique fue un adelantado a su tiempo, eso explica la vigencia de su pensamiento todavía en una isla que vive permanentemente amenazada. La necesidad de vivir del trismo, el incesante crecimiento poblacional y las aspiraciones del capital de rentabilizar al máximo sus inversiones y expectativas económicas chocan con la necesidad de proteger un territorio limitado, apenas 800 km2 tiene de superficie, frágil, gran parte de su suelo está cubierto por las lavas de las erupciones volcánicas de 1730-1736, y hábitat de numerosísima vegetación endémica.

Cambio poblacional

Cuando César murió, Lanzarote apenas tenía 64.000 habitantes, con un importante peso de la población local frente a la inmigrada que ya daba señales de asentamiento, propiciado por la demanda de mano de obra especializada en el turismo que era escasa en la isla. Ahora, más de 145.000 personas residen en la isla de forma permanente, casi el triple más. Hoy, la multiculturalidad de la isla es una realidad y los nuevos residentes y sus descendientes son mayoría, con crecimientos importantes de Arrecife, y los tres núcleos turísticos. Ya no sólo viene mano de obra especializada. En Lanzarote se quedan desde albañiles, freganchines, camareras de piso a recepcionistas o directores de hoteles, bancos o gerentes de diversas empresas. Hasta la propia alcaldesa de Arrecife es una inmigrante, proveniente de la Península, algo impensable hace 25 años. Más de 5.000 británicos, de 3000 marroquíes u otros tantos colombianos, encabezan las colonias de extranjeros de más de 60 nacionalidades que viven y trabajan en Lanzarote. Algo también impensable  en el planteamiento turístico de Manrique, aunque el Plan Insular de Ordenación de Lanzarote, que da cobertura, a veces sí, a veces no, a este crecimiento ya estaba aprobado un año, con su decidido apoyo testimonial.

El doble de turistas

Ese crecimiento poblacional tiene mucho que ver con la rápida actividad desarrollista que se vivió en la década de los noventa del siglo pasado y la primera de este, donde sin autorización o con ella, tanto Playa Blanca como Costa Teguise se lanzaron a conseguir sus mayores cotas de camas. Del poco más de un millón de turistas que venían a Lanzarote cuando César reinaba intelectualmente en la isla, se ha pasado a los casi tres millones ( y subiendo) que hay actualmente.  Han aumentado los kilómetros de carreteras y sus anchuras, con autovías por las que nunca circuló el artista universal  y las rotondas, que tanto reclamó para su cruce mortal en Tahíche, se han reproducido  vertiginosamente.  Del paro casi inexistente en aquellos años, pasamos al actual de más de 11.000 personas, aunque en este tema también hay mucha disonancia entre qué es trabajar y qué es estar dado de alta en la seguridad social. La economía sumergida es otro problema que arraigó con decisión en la isla con el crecimiento turístico y muchas empresas y trabajadores viven en un limbo donde se cambian derechos por dinero.

Sensibilidad medioambiental

Otra de las cuestiones que se analiza sin mesura es la pérdida de los valores de los lanzaroteños. Se hace sin analizar primero la estructura poblacional y su enorme cambio sufrido por la importante incorporación de inmigrantes, el debilitamiento del crecimiento vegetativo por la entrada de la mujer masivamente en el mercado laboral, garantía de la mejoría de la calidad de vida de los lanzaroteños, y el abandono del sueño de familia numerosa que anidó  en la isla a lo largo del sigo pasado con familias con muchos hijos, hasta 18, en algunos casos, y muy frecuentes la decena de vástagos.

Si se parte del hecho de que la presencia de César Manrique y su vehemente insistencia con su mensaje proteccionista  calaron en la mente de los lanzaroteños de su época, se tiene que aceptar que la riada de personas de otras partes del estado español menos sensibles y del resto del mundo han contribuido de forma determinante al deterioro de la isla. No sólo por la mayor presión que se ejerce sobre los recursos y el sistema productivo, y su cadena de transmisión que es el poder político local, sino también por su más descuidada sensibilización medioambiental.  Los lanzaroteño locales presumen de que sus abuelos crearon La Geria donde sólo había ceniza volcánica. ¿Piensan los mismo los ingleses, colombianos, marroquies, italianos, chinos y demás que residen hoy en Lanzarote? Esa es otra variable que no estaba cuando César.

¿Cómos sería con él?

Evidentemente, el Lanzarote de hoy no es el mismo que César vivió. Han pasado 25 años y legiones de turistas, residentes y políticos ( corruptos o no) por sus tierras. Pero sí sigue brillando como un ejemplo universal y contando con el agradecimiento de los lanzaroteños ( de todos, aquí sí, de locales e inmigrados) por convertir este terruño tan singular en referencia mundial del turismo, garantizar su subsistencia y permitirle sentirse orgulloso de ser de una isla que alguna vez llegaron a insultar calificándola de pedregal sin vida.

Si César Manrique estuviera aquí, si no hubiese existido ese choque brutal  entre el Toyota Land Cruiser del majorero Manuel Vega y su Jaguar, que acabó con su vida ( pero no con su obra) , el tampoco sería exactamente como se le recuerda. Con 98 años, su vitalidad sería otra y, a lo peor, lo único distinto de la realidad actual hubiera sido su propio sufrimiento al ver cómo estaba  la isla que él ayudó a desarrollar. A dos años del centenario de su nacimiento, son muchos los que reclaman ya un año 2019 que sea todo César, en un homenaje que cubra todos los días. Por falta de merecérselo no será.  

Comentarios  

#2 Lectora 28-09-2017 14:49
Hagamos algunas preguntas sencillas: ¿Quienes son los propietarios de las bodegas de la Geria, locales o extranjeros? ¿Quiénes son los propietarios del suelo de la Geria que están alterando el paisaje con su política de mecanización? ¿Son locales o extranjeros? ¿Quiénes son los propietarios de las compañías de coches de alquiler y de transporte de guaguas, locales o extranjeros? ¿Los políticos de la isla que han tomado y toman decisiones sobre el territorio y el medio ambiente son locales o extranjeros? ¿Los propietarios de los medios de comunicación de la isla son locales o extranjeros? ¿Las organizaciones empresariales de Lanzarote están gobernadas y controladas por empresarios locales o extranjeros? A veces el pensamiento xenófobo, como el machismo, lo tenemos tan arraigado que ni nos damos cuenta de cómo sale al exterior al expresarnos. Hay una extraordinaria responsabilidad propia en lo que ocurre en nuestra isla y no asumirla es un acto de ceguera o de cinismo. Gracias
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#1 Lectora 28-09-2017 14:48
Con todos mis respetos, me parece un artículo xenófobo y primario en la argumentación y el proceso deductivo. Quienes han entregado la isla al turismo de masas y la especulación han sido, en primer lugar, los propietarios de la tierra conejeros, y luego han tenido y tienen extraordinaria responsabilidad el empresariado y el capital local que han apostado por el desarrollismo sin matices. (Continúa)
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