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Con las cosas por los aires (I)

Convertir la excepcionalidad en rutina nos lleva a considerar normal vivir en la más absoluta inestabilidad. Lanzarote y sus políticos son un buen ejemplo de ello y el PSOE insular un superviviente del mismo. Nos hemos acostumbrado a vivir con unas instituciones que son exigentes con las obligaciones que contraen los ciudadanos pero muy laxas con las de los políticos que las gobiernan ( o desgobiernan). Tenemos un Ayuntamiento de Arrecife que apenas atiende la rutina, donde llevan años sin presentarse proyectos de futuro y dónde los políticos que gobiernan pierden más tiempo en sus cuitas personales e interpersonales que en solventar los problemas. En el Cabildo, con matices, se respira el mismo aire. Tengo la sospecha que aquí a nadie le interesan los problemas de los demás ni de todos. Que sólo van a lo suyo. Y que en esa guerra por hacer claudicar las administraciones a sus propios intereses, se revuelven entre campañas y "recampañas" sin hacer nada útil. Sin ni siquiera intentarlo y sin estar dispuestos a dejar el machito para que otros con más ganas, capacidad y voluntad cojan las riendas.

 

No hay muchas diferencias entre un partido y otro en estas consideraciones. Y así les ha salido una importante contestación social en medio de la crisis y la corrupción. Insuficiente, por otra parte, para hacer desaparecer la costra más pringosa de esa política de siempre que entiende  que están allí para ejercer el poder y disfrutar del estatus y muy poquito más. Repito, en eso se diferencias poco esa amalgama de siglas que se encaraman en coches, paredes y medios de comunicación en las repetidas campañas de adquisición de votos.  Pero, quiero centrarme en el PSOE que está en plena vorágine interna, superados ya los procesos internos federales y autonómicos. Ahora, toca en Lanzarote. Y me parece que lo que se ve es más de lo mismo.  Tanto en las personas como en las formas.

Esas ganas de Loly Corujo de entroncar su proyecto con lo que ella entiende las raíces del PSOE de Lanzarote ha encontrado especial abono en las cloacas del mismo. Obnubilada por el discurso grandilocuente y demagógico de Carlos Espino, imputado por corrupción, y entregada al apasionado asesoramiento ideológico de Enrique Pérez Parrilla, condenado por prevaricación administrativa,  olvida que tanto el primero, que cosechó el mayor fracaso electoral del partido, como el segundo, corresponsable del disloque cabildicio de la dieta PIL-PIL, representan el pasado que ella tiene que superar. Si  fuera poco eso, aparece abrazada una vez sí y otra también a los gastadísimos  Pepe Juan Cruz y Andrés Stinga como sus espadachines más notables del  objetivo "de aquí no nos vamos ni a fuego lento". Triste la imagen hacia la que apunta el PSOE de Lanzarote, anclado en el pasado y cerrando toda oportunidad a sus juventudes.  Así Podemos seguirá subiendo en Lanzarote. ¡Y menos mal! Porque sería muy difícil de entender que en esta isla la gente se ilusionara con la misma fórmula que lleva años viendo que es un fracaso. Que no da respuesta a los problemas de la isla y que sólo sirve para llenar bolsillos, pagar favores y atrincherarse en el cargo para mantener viva esa misma noria. Ellos lo saben, pero mientras puedan mantenerse en el poder y asegurar el sueldito y las prebendas, a los demás que los parta un rayo. Y en eso están.

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