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El "Arrastraíto"

Está siempre pegado a su benefactor. Dándole la razón hasta en sus contradicciones más profundas. Es el primero que arenga pero el último que se embarca. se mueve al lado de su benefactor como un sumiso y desclasado perro sato. No busca pedigrí, solo quiere que le echen de comer. Es la extensión maligna de su señor, el que reproduce sus vicios y alaba sus excesos. El que exacerba sus virtudes y oculta sus intenciones.

El Arrastraíto es siempre mala persona, sin escrúpulos e interesado, aunque, a diferencia del pícaro, no es precisamente de entregarse al malvivir ni a regodearse en la necesidad. Es, eso sí, personaje de baja condición, astuto e ingenioso que engatusa tanto al adulado por su denodada entrega a la causa de este como a sus capacidades para entretenerle y proporcionarle placeres varios. A veces basta con que le cante serenatas y le dore la píldora, que son necesidades también  de quien hace fortuna o fama, o las dos cosas a la vez, de aquella manera y su enrevesada personalidad le aleja de comedores y comensales más exigentes.

Siempre han estado, como buenos perros satos, (también las hay en femenino, pero suena peor en esta comparación perruna) allí donde huelen que puede caer debajo de la mesa alguna espina, trozo de pan o hueso que roer. Pero también se les ve con traje y corbata sentados al lado del señor adorado en los mejores restaurantes y sacando tajadas de cheque ancho. Pero se les identifica enseguida. El primero que los cala es el señor que les echa con tanta generosidad y abundancia el primer cebo como con mesura los siguientes. El sabe mejor que nadie que "El Arrastraíto" no siente admiración, ni amor ni sentimiento alguno ( quizás sí repugnancia de sí mismo) y que se le mantiene contento únicamente con la administración adecuada del toma y daca. Hay que dejarle épocas sin excesos porque, como los perros de caza, hacen mejor su trabajo cuando huelen a premio que después de recibirlo, momento en el que se entregan a sus propios vicios. Hay que tenerle contento, que se mueva con descaro entre el señor y sus adversarios, que mueva el rabito y salive en abundancia mientras mueve su cuerpo reptil  y se jacta de repetir, como el eco, más alto y claro, lo que masculla el señor.

Siempre, pero siempre de siempre, han existido. Allí donde había quien señor se creía, a su lado estaba el que las gracias le reía. En las cantinas, en las fiestas, sentados en la plaza o dando un paseo, allí se ve al señor y al "arrastraíto". Hoy, con esto del Estado del Bienestar y la Democracia, tienen su versión pública, aneja a partidos, alcaldes y otras autoridades. Aunque no han abandonado del todo el sector privado, que "arrastraítos" hay para casi todo y los hay también que sirven a más de un señor y en ambos sectores. Son los "arrastraítos" profesionales. Aunque también los hay por necesidad, por ideología, por condición y por necedad, los profesionales son los que más abundan ahora. Son los que al margen de que hayan estudiado o no, tengan o no cuartos o condición social, piensan que a la sombra del benefactor consiguen su mejor posición. Hoy saco un contratito de todo a treinta mil, mañana no pago las partidas de golf, pasado me enchufa de traductora en la plataforma antipetróleo, ayer me perdonó miles de euros en llamadas de teléfono desde el extranjero, hace unos años ocultó una deuda agenciada por mi mujer, ahora me lleva en la lista, pasado me mete de asesor o asesora, me permite que enchufe a mi empleada y su sueldo queda en nada.

La ristra de cosas a las que El "Arrastraíto" le ve salida gracias a su reptar indisimulado (vamos, como para que le pase desapercibido al señor y se quede sin premio). Por eso, "El/La Arrastraíto/a", en política, es el primero en salir en defensa del señor. Hasta el punto que a veces se inventa él la ofensa o la exacerba para darle rienda suelta a su juego. Siempre, siempre, siempre, "El Arrastraíto" defiende a su "alcancía andante" delante de él o en círculos que le hagan llegar el recadito a aquel. Si no lo hubiera o hubiese, él o ella misma lo dejaría caer en un grupo de whatsapp para alinearse con los hados en connivencia con el resto de la manada. Es curioso cómo la tecnología reproduce el instinto de las hienas a la perfección, concentrando entre risitas de las mismas los seres más carroñeros y despreciables. Hay algunos mensajes que son para reproducir, quizás lo haga en otro momento.

El peor momento de "El Arrastraíto" es cuando el señor, sin aviso previo, le grita aquello de "Sale pa'llá, perro sato del coño! Pero hay algo también que le pone colorado como un tomate ¿existe tomata ya?) y a punto de reventar. Que le lleva a hacer un esfuerzo extraordinario de "arrastraíto" profesional con dos estrellas michelín, que es cuando ve a su benefactor con el que él creía su enemigo, contra el que él/ella arenga a su hienas bípedas (no confundir con mofetas, por favor) charlando amigablemente. Entonces, El Arrastraíto, como un buen perro sato, sabe de la importancia de tener pedigrí y criterio donde él sólo pone adulación y zafiedad. Entonces sabe que es el momento de recoger el rabo, cerrar la boca, y acostarse tranquilo al lado de la albarda, junto a la puerta o sede del benefactor. "Arrastraíto/a, que eres sólo eso, un arrastraíto/a", se dice para sus adentros mientras oye de fondo las risas y parabienes que provienen de las relaciones de igualdad entre personas mientras se queda dormido y con el convencimiento de que mañana será otro día para reptar, reptar y reptar como siempre se ha reptado por los siglos y los siglos. Para ellos, la línea repta es la distancia más corta entre un sueño y un objetivo.

P.D.: Trabajo para casa: piense, estimado/a lector/ora, en un hombre o mujer con poder en su zona. Con dinero o con cargo público ( o con los dos cosas a la vez, que se suele dar mucho en algún momento de sus vidas). Elegido el señor, busque, ahora, sus "arrastraítos" y mire a ver si actúan o no como diligentes perritos satos. No hay que dejarse llevar tampoco por los bajos instintos de cada uno y considerar "arrastraíto" a cualquier vecino que se relacione con el poderoso por muy mal que nos caigan ambos o sólo el potencial susodicho o, al contrario, por muy bien que nos caiga el señor. En este último caso, se recomienda examinar si no encuadrará usted en la definición de arrastraíto. Últimamente, sé que son muchos los "arrastraítos" que están leyendo mis artículos. Lo sé porque unos cuantos benefactores me han avisado de ello. ¡Qué disfruten también de la lectura!

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