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Mal inicio del “No electo”

 

Hace unos meses, el que fuera vicepresidente del Cabildo de Lanzarote, José Juan Cruz Saavedra, me confesó que el PSOE iba a nombrar de forma inminente a un consejero “No electo”.  Para los que no lo sepan, les aclaro que se trata una nueva figura incluida en la Ley de Grandes Ciudades, a la que se acogió el Cabildo de Lanzarote, por la que el presidente puede nombrar consejero a una persona no electa en los comicios últimos. El consejero No electo tendrá las mismas capacidades ejecutivas que cualquier otro consejero del Cabildo pero, en cambio, no tendrá ninguna legislativa. Resumiendo, llevará un área pero no podrá votar en el pleno, para no alterar la voluntad y representación popular.

Le dije a José Juan, amigo y asesorado mío en sus tiempos de alcalde, que si pensaba poner a alguien que fuera un especialista en la materia que iba a llevar, capaz de liderar ese departamento y que no quedara duda de que no era un enchufe para contentar a un sector del partido, me parecía bien. Que esa era la intención de la norma, facilitar la llegada de prohombres al más alto nivel de los cabildos, como pasa en los gobiernos autonómicos y nacionales, sin necesidad de verse sometidos a consideraciones partidarias ni comulgar con ruedas de molinos de patios exacerbados en campañas. Si no era esa tu intención, le dije, yo en tu caso no lo haría. Sería viciar esa opción y abrir al enchufismo una figura que nace con un buen propósito.  El PSOE no llegó nunca a nombrar a  ningún consejero No electo.  No sé la razón. Si no tuvo tiempo, si no encontró finalmente a la persona adecuada o si intentó evitar la crítica inmediata que siempre cae ante un nuevo nombramiento político.

Con Pedro San Ginés nunca he hablado de los consejeros No electos. Ni creo que sirva de mucho para el caso que me hace a mí. Y al resto de los humanos, incluidos a los que le rodean y le rinden pleitesías con desaforado entusiasmo a cambio de unas monedas (muchas, por cierto). Pero creo que se ha precipitado a la hora de dar acomodo a los cinco del Ayuntamiento. Si ya suena raro que nada más caer el gobierno salgan del ayuntamiento  corriendo como si lo primero fuera lo de ellos y después los del resto, el hecho de estrenar la nueva figura con uno de ellos es errar el tiro dos veces seguidas en una superpuesta ( buena escopeta de caza aquella de dos caños, uno encima del otro). Estas cosas, hechas así a la prisa, hace que la ciudadanía crea que todos los políticos son unos vividores, que no encuentran mejor alternativa que estar permanentemente enguinchados a la teta pública.

Quiero dejar claro que Rafael Juan González se merece mi respeto por su trabajo político.  Quiero, además, mostrar mi convencimiento de que sería un muy buen consejero electo, si deciden presentarlo alguna vez e, incluso, un buen consejero no electo si el cabildo necesitara un consejero para Cultura o Educación, en las que podría hacer una labor meritoria. No me cabe la menor duda. Pero no para consejero No electo de esta forma. No, no y no. Y me parece, además, abrir la puerta a convertir esta figura en una galería de impresentables (nunca mejor dicho) por la que acceden al gobierno del Cabildo los que empeorarían electoralmente cualquier lista y aportan nada al gobierno. Un sueldo más, un gasto más sin retorno público.

Posiblemente, el Cabildo necesitaría un consejero No electo en dos áreas cruciales. En Política Territorial, para sacar adelante la planificación eternamente relegada, y en Recursos Humanos, para optimizar las cerca de mil personas que cobran de la institución. Aquí, dos consejeros No electos, con prestigio, sin color político, y con predicamento en la materia nos sacarían de una vez del siglo XX para meternos de lleno en el XXI. Pero no ha sido así. Una vez más se prefirió la anécdota a la solución. El favor político a la respuesta a los problemas reales. Mala señal.

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