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Sosa versus Cabrera, el mismo sistema, dos mundos

Los dos están en el gobierno del Cabildo. Los dos son versos sueltos de partidos marginales. Los dos son los únicos representantes de sus respectivos partidos en la corporación. Los dos dicen representar a sus partidos pero hacen lo que quieren hasta donde pueden. Son dos políticos de cuestionada ideología y ningún futuro político en sus organizaciones. Son los consejeros de Nueva Canarias (NC), Juan Manuel Sosa, médico palmero sesentón de larga residencia en Lanzarote, y del Partido de Independientes de Lanzarote (PIL), Manuel Cabrera, empleado de su padre en el sector turístico, lanzaroteño cincuentón criado en Las Palmas de Gran Canaria, pero residenciado en el municipio de Tías desde su juventud.

El primero, es un hombre de modales, de objetivos, del Servicio Canario de Salud, de citas y de listas de espera, de gestionar diagnósticos, buscar tratamientos e informar de buenas y malas noticias a afectados impacientes y familias deshechas. El segundo, un caballero, un perfecto dandi, acostumbrado a vivir bien y a disfrutarlo todo, sin necesidad de salir de casa, aunque cambie de isla, para encontrar trabajo y desarrollarse personal y económicamente. El primero ha vivido pegado a las administración pública, blandiendo título, oposiciones, guardias y nómina. El segundo, para solicitar la Consejería de Turismo del Cabildo expuso su experiencia de "cargador de maletas" en la empresa familiar del sector turístico. "El turismo es lo mío", gritó, esperando su eco y mostrando su regocijo.

Son, claramente, dos perfiles distintos que han cogido caminos parecidos. Que han decidido hacer de su capa un sayo y de su acta su propia plataforma personal. Los dos se engancharon a las listas electorales de 2015 en los últimos momentos, cuando sus partidos no encontraron algo mejor y conociendo ambas organizaciones los riesgos de contar con políticos que habían estado de peregrinación por otros partidos buscando asiento institucional. Aún así, el PIL reenganchó a Manolo, para que Fabián Martín fuera a Arrecife a intentar evitar la desaparición del PIL, aunque ya les constara el comportamiento caprichoso y personal del que fuera concejal en Tías y consejero de Deportes del Cabildo de Lanzarote durante medio mandato del 2007, hasta que llegó la UCO, el cese y el desmoronamiento del PIL que conocíamos. Tampoco tuvieron mucho donde elegir los Román Boy,s, con una organización en la isla en manos de dos simpáticos personajes que no consiguieron  ni entrar en el Ayuntamiento de Arrecife. Sabían del riesgo de Sosa, que venía rebotado de CC, y al que abandonaron durante la campaña a su suerte, muestra de su poca afección al personaje.

Pero, desde esas posiciones, los dos llegaron a la mesa de plenos con silla propia. Excesivamente propia. Primero, los dos se sentaron juntitos, en el bando de oposición. Y con el tiempo, ambos también han migrado al grupo de gobierno, donde se encuentran ahora también juntitos, casi pegados, pero con visiones diametralmente opuestas. Aunque han hecho caminos parecidos, con resultado parecidos y suerte parecida, a los dos les marca su propio perfil, como no puede ser de otra manera en dos personas tan individualistas, tan poco gregarias, nada militantes en partidos ni convicciones ideológicas, aunque los dos se llamen nacionalistas y reclamen el insularismo. Aunque de la única isla que entiendan sea la que conforman ellos con su propio cuerpo tipo atolón: aire por fuera, aire por dentro.

Mientras Juan Manuel Sosa ha aprovechado su peregrinaje político, no exento de mutaciones y críticas aceradas, para apostar por "sus capacidades" de gestor y cerrar problemas históricamente enquistados, como la incorporación del Hospital Insular al SCS y la construcción de una gran residencia de mayores, Manuel Cabrera se entretiene utilizando su poder institucional para desestabilizar internamente el PIL. Mientras Sosa vive alejado de la batalla partidista y se sumerge en la gestión de sus áreas con ambición profesional y cálculo médico, de diagnóstico y tratamiento, poniendo su mejor cara para comunicarle al presidente las incidencias, Manuel Cabrera cede sus recursos para el Empleo a las organizaciones empresariales, ya sea, AETUR, CEL o la Cámara, para que los gestionen ellas a su gusto, y se dedica a tomar café con tirios y troyanos para debilitar las directrices de su partido a las que pone en evidencia hasta por dos céntimos por litro.

La diferencia clara entre los dos, aparte de sus perfiles personales, es que uno, Sosa, sabe que está escribiendo su última página en la política insular y el otro, Cabrera, todavía no ha interiorizado que Roma no paga traidores, aunque los aliente y los promueva mientras les sean necesarios. Y así vamos, uno trabajando como un loco para granjearse una imagen de "conseguidor" y resolutivo y el otro poniendo zancadillas a su propio grupo de gobierno para "satisfacción y mofa" de sus adversarios políticos. ¡Y los dos tan felices!

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