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La apóstol de Rivera

Apenas tiene 31 años pero rezuma experiencia. Habla en un perfecto dialecto canario versión palmera y con tanta sencillez como contundencia. Tiene un currículo que espanta y una belleza que encandila.  Y, encima, parece buena persona, aunque, en realidad, sea política. Ni Ciudadanos, ni Albert Rivera, hubiesen podido encontrar mejor defensor ni divulgadora de su nuevo testamento político que esta apóstol palmera, que cree en el proyecto, lo defiende con valentía  y lo hace muy creíble.

De apariencia frágil, demasiado bonita para ser tan fuerte e inteligente, sin despeinarse su lacia melena, comienza a articular su mensaje sin perder su sonrisa. Sin dejar de mirarte, sin dejar de sonreírte, comienza inyectarte por vena, sin piedad alguna, uno a uno los fundamentos del partido y los logros de Ciudadanos. No importa que hablemos del Presupuesto recién aprobado, donde deja caer, con ciencia y paciencia, la notable aportación de su organización y la de ella y su compañero Saúl, los dos canarios Ciudadanos en Madrid, o de la triple paridad, contra la que se revuelve, no sé si tan convencida como leal al partido, siendo tan palmera como Acenk Galván en tierras conejeras de Rafael Stinga y ante acérrimos defensores de los 15-15-15-15 y del 30-30.

Melisa, que así se llama, nació en Reino Unido de forma accidental, estaban allí sus progenitores, palmeros, emigrados. En ese aspecto, sus padres, el señor Rodríguez y la señora Hernández, en plena década de los ochenta, se aventuraron a buscar una salida económica que no les daba la Isla Bonita, ya aquejada del mal del plátano, le marcaron su camino, abierto al mundo y al conocimiento. Con raíces profundas en Canarias, adonde llega con dos años y se mantiene hasta que afronta su formación universitaria,  y marcada de por vida, con referencia permanente en su DNI, por su nacimiento en tierras anglosajonas, encuentra su casa en Cataluña, que la hace arquitecta en la pública de Barcelona, y proyecta su futuro, sin saberlo, contra aquellos movimientos emancipadores e independentistas que tanto vio a lo largo de su estancia de siete años en la Tabarnia que se resiste. Después de un pequeño periplo por el mundo, como inquieta y joven arquitecta, con ganas de triunfar y aprender, se vuelve a Canarias y se engancha a Ciudadanos, para convertirse en su principal discípulo en las Islas y una de los pocos en España que comparten mesa y mantel con el Albert Rivera que quiere subir a la Moncloa más pronto que tarde.

Todos los vientos, sirocos y alisios incluidos, parece que soplan a favor de Ciudadanos en estos tiempos. Desde que los independentistas catalanes abrieron su caja de Pandora, Ciudadanos no ha dejado de subir en todo el estado español. Parece que están llamados a gobernar de una u otra manera. Ahora las encuestas endiosan a Rivera y su partido, nacido en Cataluña, contra los complejos regionales, y su apóstol en Canarias sabe que si llegan a la tierra prometida ella estará, por méritos propios, allí. Será en un Ministerio o luchando por el Gobierno de Canarias, pero estará entre los elegidos. Porque si suerte ha tenido Melisa al engancharse a Ciudadanos, más ha tenido Ciudadanos de encontrar, en tierra tan proclive a plátanos, calabazas y batatas, una persona de la talla de esta palmera más que notable.

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