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Ni somos, ni podemos, ni leche machanga

Los pequeños imitan a los mayores. Copian especialmente sus peores defectos, que son los más divertidos y los que no están permitidos enseñar en público. En eso de la hipocresía, la política es la primera de la clase. Y en eso están ahora los pequeños partidos políticos. En inventarse mensajes, en crear afiliados ficticios que le garanticen el poder interno que no tienen en su organización, o no quieren perder, y  en creerse dioses indomables.

 En realidad, lo que están haciendo es dejar que salga el yo que escondían detrás de su proyecto colectivo y se posicione delante de todo. En realidad, pienso, se cargan el proyecto porque no es imprescindible para amamantar su ego. Cuando se ven fuera del mismo, ni tan siquiera es necesario. No son distintos al resto, propugnan lo mismo. Un mundo mejor para todos que se pone en riesgo cuando ellos quedan desplazados, relegados por otros. Y están convencidos de que no puede haber un mundo mejor donde cada uno de ellos sea el mesías.  

Somos y Podemos, dos partidos todavía pequeños en Lanzarote pero de una enorme importancia si se quería crear una alternativa de gobierno insular más a la izquierda del PSOE, alrededor de este partido, que también lleva años desangrándose en los mismos defectos y se recrea en los personalismos trasnochados mientras pierde representación, afiliados y visión de la realidad insular.

Parecía que estaban todos llamados a entenderse, a inspirar un movimiento que sin descuidar lo de cada uno, pusiera en valor lo de todos, y sus afinidades. Pues nada, leche machanga, en el primer intento, los caudillismos de imberbes profetas de discurso empalagoso y de ambiciones desmedidas se han llevado el entendimiento por delante. Unos pierden, en lid orgánica, y se hacen un harakiri en un intento de acabar con la organización por no cerrar filas en torno a ellos. Y lo hacen porque pueden. Los otros, los que empezaron su trayectoria política con el mayestático Somos Lanzarote, ahora se han convertido en Somos Nueva Canarias, por la gracia del oro grancanario y los primeros puestos de la listas. Han vendido las almas de sus tres mil electores para darle forma a su cuerpo electoral. Como si tuvieran el convencimiento de que los electores van a migrar con ellos porque lo importante son sus anhelos y no los del pueblo. No han hecho nada, pero ya se creen que merecen cobrar como grandes hacedores públicos y aspirar a los máximos puestos.

Ellos solos, en la víspera electoral, sin tocar a los rivales electorales, se han abierto en canal  en una vendetta más propia de los presuntos corruptos que denuncian que de los grandes y fieles servidores públicos que se consideran. Ni tan siquiera se dan cuenta que hoy, porque no les interesa, claro, que hoy lo que representaba Podemos y Somos no sólo no está más cerca de ser más fuerte y sumar más sino que, desde que los verdaderos rivales leven anclas, corren riesgo de convertirse en muy poco cosa. Y, mientras, el socio necesario para que la operación final saliera bien se debate entre la alegría de verse más grande entre los de la izquierda y la tristeza de ser más inoperante frente a la derecha. Son los típicos complejos y envidias tan propios de los clanes familiares. Mucho más cuando esa familia está a la izquierda.

Menos mal que les queda el consuelo de José Juan Cruz, el ejemplo socialista a imitar. Después de 30 años de actividad política remunerada, de ellos 16 de alcalde de Tías, vuelve 8 años más tarde a ser candidato para volver a ocupar ese cargo porque tiene una deuda con el pueblo. Se ha cargado el partido, enfrentado a sus compañeros más fieles, traicionado su propio proyecto y abandonado cualquier idea que no fuera seguir en el machito. Es verdad, vuelve a Tías porque tiene una deuda con su pueblo y porque nadie lo puede hacer como él.  Ningún otro de sus compañeros haría tanto como él para hacerse imprescindible, aunque para ello tenga que reducir el número de afiliados a uno: él solo. En Tías, casi lo consigue.

En fin,  pequeños, lo que están haciendo no tiene nada de nuevo y sí mucho de perjudicial para las organizaciones, la política y la sociedad.  ¿O es que no han visto que el amigo Espino es también otro maestro en la materia? ¡Leche machanga!

 

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