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10 / 2 = 5

Así de simple. No hay ninguna niña, ningún niño de seis años,  que no sepa ya qué la mitad de 10 es 5. Entonces, ¿por qué cuesta tanto que lo entiendan en el Parlamento?

Estas últimas semanas parlamentarias han sido de un ritmo trepidante, con plenos semanales para ir sacando en el último momento todas las iniciativas legislativas que, como los malos estudiantes, el Gobierno de Coalición Canaria ha ido dejando para que sean aprobadas al final de la legislatura, algunas ya casi en tiempo de descuento.

Una de ellas ha sido la propuesta de modificación de la Ley Canaria de Igualdad, de 2010, que llegó a la Cámara por partida doble: una a instancias de Coalición Canaria y otra de la mano del PSOE.

Que dos partidos, casi de forma simultánea, decidieran abrir el melón para introducir modificaciones en esta ley  podría estar justificado a raíz del tenso debate que se produjo el año pasado en el proceso de renovación de varios de los órganos dependientes del Parlamento, Consejo Consultivo, Diputado del Común y Consejo Económico y Social. Curiosamente alguno de ellos,  como el Consejo Consultivo, con una trayectoria en su composición   exclusivamente masculina.

En los tres órganos, desde la perspectiva de género, el panorama era ddesolador, las mujeres directamente no estaban presentes, o, como mucho,  estaban infrarepresentadas.

¿Nadie se había dado cuenta de la foto, de la imagen que proyectaba un órgano como el Consejo Consultivo compuesto solo por hombres?

Desde Podemos Canarias alertamos de ese anacronismo conservador, rancio y machista. Nuestro grupo parlamentario advirtió desde el primer momento  que sí no se planteaba una propuesta de  renovación paritaria en los tres órganos, no contarían  ni con nuestro voto ni con nuestro apoyo.

Entonces ocurrió algo muy curioso, el grupo del Gobierno, Coalición Canaria, se sacó de la manga la necesidad de modificar la Ley Canaria de Igualdad de 2010 como requisito necesario para que la renovación de los órganos dependientes del Parlamento pudiera tener presencia equilibrada de mujeres y hombres.

Curioso, decimos, porque si bien es verdad que en el texto de la Ley en vigor no se citaba de  forma expresa y  específica a los tres órganos en cuestión,  tampoco había artículo alguno que impidiera aplicar el sentido común y el espíritu que emana y atraviesa toda la ley.

A excusa sonaba esa supuesta necesidad de modificar la ley para hacer algo que, como bien quedó demostrado, no era necesario, pues finalmente  la renovación quedó resuelta  con la voluntad de  todos los grupos parlamentarios  -esta vez nos necesitaban el apoyo de Podemos y no nos vetaron-  presentando propuestas que garantizaban  que hubiera una presencia, más o menos equilibrada,  de mujeres y hombres tanto en el Consejo Consultivo, Diputado del Común, como Consejo  Económico y Social.

Aunque, eso sí, ¡ante los números impares la mayoría haya sido siempre en beneficio de los señores, vaya a ser que se sintieran discriminados! 

Dimos por buena, que no por necesaria, la modificación de la  ley si está era, tal como parecía,  la única manera de que algunas fuerzas políticas tenían  para obligase a sí mismas a respetar y cumplir las leyes ¡sus propias leyes! aunque suponíamos que ya puestos, se haría con la intención de avanzar en igualdad y superar los tímidos pasos que en su día se dieron sobre el concepto de representación equilibrada, cuando a lo más que parecía que se podía aspirar era a un 60/40.

El PSOE, con buen criterio a nuestro juicio, aprovechó la ocasión para, una vez abierto el melón,  introducir algo importante, que no se contrate publicidad con dinero público en ningún medio de comunicación que publique anuncios sobre contactos relacionados con la explotación sexual y la prostitución, que pese a ser una propuesta que en forma de proposición no de Ley, había presentado Coalición Canaria, sigue sin cumplirse por el Gobierno del mismo partido que la propuso.

Con la propuesta de modificación de esta ley hemos constatado una vez más el nivel de hipocresía y de poca importancia que otorga este Gobierno y quienes le sustentan (PP y ASG) a los asuntos relacionados con la igualdad o la violencia machista.

No bastan las palabras ni las declaraciones de buenas intenciones si no van acompañadas de los actuaciones necesarias, y vemos con indignación y tristeza como se vulneran a diario,  de forma sistemática,  leyes, protocolos y propuestas que fueron aprobadas en esta cámara, justas  y hermosas sobre el papel, pero que no son nada si no hay voluntad de que se cumplan.

Lo comprobamos recientemente con el estremecedor relato de la portavoz de la asociación “Todas somos Guaci”, hermana de la víctima de violencia machista que fue brutalmente asesinada por su pareja,  también  padre de las  dos criaturas que dejó traumatizadas y huérfanas,  en 2013.

Cambiar algo para que todo quede igual, esa es la impresión que tenemos después de ver que prácticamente no se recoge ningún avance significativo con la modificación de esta ley que ni siquiera suscribe las observaciones hechas por el Consejo Consultivo, en las que, entre otras cosas, se reconoce que el equilibro numérico es el 50 por ciento y sería lo recomendable en el caso de órganos o instituciones cuya composición esté integrada por números pares de personas, y, en todo caso,  lo más aproximada posible en el caso de que la composición fuera impar, con la opción de ir alternado las mayoría de un género u otro  en cada mandato.

No fue posible, no se aceptaron siquiera esas premisas y se empeñaron en mantener las cifras del pasado, con un 60/40 como equilibrio numérico, algo que viene de lejos, cuando se daban tímidamente los primeros pasos hacia la igualdad y pensar en paridad y listas cremallera era un horizonte muy lejano.

Por tanto, nuestro grupo se abstuvo en una modificación que no modifica nada. Para hacer un paripé y seguir con el teatro, con nosotras, con nuestro grupo, que no cuenten.

Las matemáticas no engañan, la mitad de diez son cinco.

Y esto no son cuentos, sino cuentas.

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