PUBLICIDAD

La década escabrosa

Políticos (VI)

 La política lanzaroteña ha estado llena de convulsiones y contradicciones a lo largo de los últimos treinta años. Aunque, como ya he aclarado en artículos anteriores de esta serie de artículos Políticos, la década de los años ochenta del siglo pasado fue más normalita y tradicional. Vamos, que la derecha estaba con la derecha y la izquierda con la izquierda. También la década de los ochenta fue mucho más estable políticamente que la siguiente, pero fue en esta donde nació el fenómeno Dimas Martín, que le birló la Alcaldía de Teguise al PSOE, a pesar de que este partido en el año de gracia de 1983 la ganó por mayoría absoluta. Ese hecho marcó las relaciones del PSOE con Dimas Martín en esta primera década, hasta el año 1993, donde se cambiaron las tornas. Y es aquí donde entramos en la década escabrosa de la que hoy me ocupo.

Todo el debate político insular giraba entorno al enfrentamiento Dimas Martín, cada día más poderoso, y el PSOE, cada día más damnificado por las actuaciones del alcalde de Teguise que quería quedarse con toda la isla. Las denuncias públicas y judiciales contra Dimas eran permanentes durante los años previos a 1993. Eran, para todos, la escenificación más política de la incompatibilidad del agua y el aceite. Por eso, en el año 1993, se produjo una convulsión total cuando se habló, por primera vez, de un pacto del PSOE con el PIL de Dimas.

 Vamos a situarnos. A finales de los ochenta y principios del noventa, la izquierda institucional en Lanzarote se centra en el PSOE y la derecha en el PIL, que se crea a finales de 1990, bajo la batuta de Dimas Martín, y el apoyo de los alcaldes de la AIL Honorio García Bravo, de Yaiza,  y Luis Perdomo, Tinajo, y el alcalde del PDP, Antonio Cabrera, de San Bartolomé. Derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda ¡Arrr! Pero la precipitada escisión del PIL cogió con el pie cambiado a las ideologías y le dio protagonismo exclusivo a los que aspiraban por el poder ante cualquier otra cosa. 

 El PIL llegó, venció y se rompió

 El PIL barrió en las elecciones de 1991, aunque dejó Arrecife, Haría y Tías en manos del PSOE con mayoría absoluta, que resistieron bien al primer embate del recién creado. En el Cabildo, Dimas se sentó en la Presidencia, rodeado por una mayoría absoluta de 12 consejeros de los 21 que conformaban la corporación. Objetivo conseguido: Dimas ya era el señor y amo de Lanzarote. El excelentísimo senador, diputado regional, concejal, presidente del Cabildo de Lanzarote, presidente del PIL y las AIC parecía que lo controlaba todo dentro y fuera de su partido y de las instituciones. Pero no era así. En la cesta había muchas manzanas pero también muchos bichos.  El cabreo de Antonio Cabrera por perder la mayoría en San Bartolomé y la Alcaldía era un punto conflictivo en todas las reuniones del PIL, a pesar de que fuera diputado regional también y jugara un papel fundamental, junto a Honorio, su apoyo frente a Dimas, en la moción de censura que apeó a Jerónimo Saavedra de la Presidencia del Gobierno de Canarias para convertir a Manuel Hermoso en el primer presidente nacionalista y ahí siguen con el invento de Coalición Canaria que nació, precisamente, de ese abordaje del poder en Canarias.

 También en el grupo de gobierno del Cabildo, las excentricidades de Dimas causan problemas. Julio Romero, que dejó el CDS para embarcarse en la lista del PIL al Cabildo, vicepresidente y consejero de Economía y Hacienda presenta su dimisión, abandona el PIL, y se va al grupo mixto donde se mantiene hasta el final de mandato.

 Fuera del partido y del Cabildo, Dimas también empieza a tener problemas con los medios de comunicación, piezas fundamentales en las que asienta su populismo. A las elecciones del 1991, con un gasto publicitario importante (parte desembolsado, parte a cuenta de compromisos futuros), acude con el apoyo evidente de los dos principales (por no decir únicos de esa época) grupos mediáticos de la isla. La maquina de gastar de Dimas también engrasaba las finanzas de los medios. Pero algo se tuerce después con Agustín Acosta, y se produjo un cambio radical en la línea editorial de este, muy especialmente de su diario La Voz, que nació en febrero de 1992, después de estar apunto de desaparecer la cabecera de esa popular revista por dificultades económicas.  Junto al hijo de Agustín, Agustín Domingo, viví esa experiencia durísima en la dirección del diario que nació de la necesidad cuando todos decían que era imposible hacer un diario en Lanzarote. La nueva Voz, con salidas de cinco días por semana, se entregó en cuerpo y en alma en denunciar los excesos de Dimas y la división interna del PIL. No fue nada fácil, las presiones, incluso las amenazas, donde no faltaron llamadas a altas horas de la madrugada con mensajes criminales, nos rodeaban al mismo tiempo que desaparecía un día sí y otro también anuncios publicitarios. Fue durísimo, es cierto, pero consolidé la amistad con Agustín Domingo. Aunque posteriormente, esta apuesta significó la salida de ambos del periódico.

Ante esa situación, el PSOE empezó a jugar y comenzaron los flirteos con Agustín Acosta, una plataforma mediática que se ofrecía gratuita para desenmascarar a Dimas. Lo único, por otra parte, que podría pagar un PSOE en la oposición. Segundo Rodríguez retomó poco a poco la amistad perdida con Agustín y deslizó por ese camino también a Enrique Pérez Parrilla. Desde esa época, hasta su muerte, Agustín no volvería a enfadarse con ellos dos.

 Se estaban cociendo todos los mimbres pero faltaba algo que le diera calor, que precipitara de una vez lo que parecía sólido en aquel mar de dudas. Y se produjo: el juicio de Dimas Martín por cohecho en el Tribunal Supremo, donde los gritos histriónicos del abogado tinerfeño, hoy diputado del PP, Miguel Cabrera Pérez Camacho, definiendo a Dimas como el prohombre de Lanzarote sólo sirvieron para que la condena llegara antes. Y llegó: Dimas condenado, Dimas inhabilitado. Era el fin pero de qué fin estábamos hablando.

 Dimas se enrocó todo lo que pudo, con su vicepresidente Pérez Duque de presidente accidental, pero el círculo se estrechaba más y más y se rompió el PIL y Sebastiana Perera, la tercera de la lista (porque Julio era el segundo y se fue del partido) fue proclamada presidenta del Cabildo el caluroso día 7 de agosto de 1993. Así comenzó la década escabrosa, la década en la que el PSOE ya sólo era rival del PIL en las elecciones pero que acabó gobernando con él durante siete de los diez años. Se consumó la división, Honorio se quedó con el Cabildo pero Dimas se quedó con el PIL y con la mayoría de los consejeros bailando a su alrededor. Todos sabían que el PIL sin Dimas solo era el AIL, un partido minoritario. Y se impuso la lógica: Si Dimas es el PIL, que el PIL sea de Dimas, aunque estuviera inhabilitado.

 En el Cabildo gobernaba Chana Perera, Dimas estaba inhabilitado y sin poder real y el PSOE estaba más contento que nunca pero sin poder. ¿Entonces que hacemos? ¡Estás loco!  Pues sí,  se hizo lo único que garantizaba llevarles al poder a los dos: presentar una moción de censura a Chana Perera.  Los movimientos cogieron con el pie cambiado a Marcial Martín, que era diputado regional en esa época, y presidente de la Comisión Insular del PSOE, donde Sergio Machín, era el secretario general y Leopoldo Cabrera Lasso, el secretario de organización. Mientras Marcial estaba en el Parlamento movimiento lo de la auditoría del complejo que condenó, muchos años más tarde a la prisión, que ahora habita, Segundo Rodríguez, Enrique Pérez, Sergio Machín, Leopoldo Cabrera y otros estaban cerrando los flecos del pacto con Dimas Martín directamente y con sus personas de confianza en el Cabildo.

También se rompe el PSOE

 El PSOE llevó a la Comisión Ejecutiva el debate de la moción de censura y estalló la misma al quedar empatados en la votación y no ponerse de acuerdo si era el vota de calidad del presidente, que no quería censura, o el del secretario general, que la promovía, el que tenía que decidir la votación. Acabó como el rosario de la aurora, con el voto del secretario de Tías, en contra, y paradójicamente, el de Teguise, a favor. Se impuso más tarde una gestora, pero la moción de censura, la primera en el Cabildo de Lanzarote, se llevó a efecto.

 El 21 de junio de 1994, Enrique Pérez Parrilla volvió a ser presidente del Cabildo y Chana Perera todavía llora cuando lo recuerda. Nunca entendió que Dimas la echara para poner a un socialista ni nunca perdonó a los socialistas lo que vivió como una traición. Las cosas de Chana.

 Había poco tiempo, menos de un año para afrontar las elecciones de 1995, y el PSOE, con el apoyo de los medios de Agustín, y después de cesar a los pilistas dos meses antes de las elecciones, intentó ganar las elecciones y dejar fuera al PIL. Fue una campaña durísima que acabó con la victoria del PIL, con un Dimas inhabilitado pero más activo que nunca, recordando a todas horas que votar a Juan Carlos Becerra, su pupilo, era como votarle a él y el 23 de junio de 1995, Becerra Robayna hizo realidad uno de sus sueños imposibles: tomó posesión de la Presidencia del Cabildo como fuerza cabeza de la lista más votada y se consolidó con el apoyo de la Coalición Canaria, que lideraba por esos entonces  el  ex socialista Juan Ramírez,  y que sacó dos consejeros,  Juan y Mario Pérez, que salió del Instituto de Haría, donde era director, para hacer los arrecifes con su protector y todavía no ha vuelto por allí. La política es así.      

 Otra vez, el PIL se rompe

 Pero los abrazos de Dimas no son gratuitos. Él da los votos pero después pide peaje. Y comenzaron los enfrentamientos y el PIL volvió a dividirse. Enrique y Segundo miraban con entusiasmo. Sergio y Leopoldo ya no estaban en el PSOE; el primero se fue a CC y el segundo directamente al PIL. Aquí volvía haber tomate. Con la intención de no ceder ante el embate de su ex líder, y poner las máximas dificultades a la segunda moción en el Cabildo, una vez más a un descarriado del PIL y de los designios de su jefe, Becerra dimite y el 6 de septiembre de 1996 tomó posesión de presidente el hoy conocido como “el curro de Lanzarote” en toda España, Pedro Armas Sanginés y allí se mantuvo, durante casi un año, contra viento y marea (¡que buen marino es este Pedro!), hasta que el día 10 de marzo de 1997 prospera la moción de censura y se elige de presidente, de nuevo, a Enrique Pérez, que ya se mantiene allí hasta el 21 de junio de 2003, durante seis años, que entra por segunda vez Dimas Martín, al ganar las elecciones de ese año, en las que ya no concurre Enrique que cede su puesto de cabeza de lista a Manuel Fajardo, que no mejora los resultados socialistas. Enrique estuvo seis años de presidente, no porque ganara las elecciones de 1999, que las volvió a ganar Dimas, sino porque toda lista del PIL renunció a presidir para evitar la moción de censura. Sabían que el PSOE no iba a apoyar al PIL para presidir el Cabildo, en los acuerdos PIL-PSOE, el presidente siempre es socialistas, y con esa maniobra se reservaban el derecho de censurar para ellos, ya que en el Cabildo sólo se puede presentar una censura. Enrique gobernó la primera parte del mandato con CC, y la segunda con el PIL, al cesar a los consejeros nacionalistas.

 Diez años locos

 Fueron diez años intensos y locos. Llenos de contradicciones ideológicas, de cientos de enchufes y convenios lamentables. Se dieron en diez años, seis tomas de posesión de presidentes de cinco personas distintas, una renuncia por inhabilitación, una dimisión, tres enroques y dos mociones de censura y siete cambios de grupos de gobiernos. ¿Le parece mucho? Eso no es nada en Lanzarote. Del 2003 al 2011, se produjeron en el Cabildo de Lanzarote, en la época posterior a Enrique Pérez Parrilla, 8 cambios de gobierno y la toma de posesión de 8 presidentes, con dos accidentales, con cinco mujeres por banda y tres hombres, dos mociones de censura, y un sinfín de escándalos pero de eso ya hablaremos en otro capítulo.

 

 

 

 

  

Comments are now closed for this entry