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“Es la libra, estúpido”

Seguramente, el estratega del equipo de la campaña de Bill Clinton estuviera convencido de que se le podría ganar a George H. W. Bush (padre) si se llevaba el debate a los asuntos domésticos, en lugar de favorecer un cuerpo a cuerpo en los temas que le daban al presidente americano, que sustituyó a su protector y referente republicano Ronald Reagan, una bestial popularidad que superaba el 80%.

Lo que sí me imagino es que no esperaría que la frase “The economy, stupid” escrita en un papelito, en medio de otras dos, en forma de slogan, se convirtiera en referencia mundial, traducida a casi todos los idiomas y usada de forma retórica en miles de artículos para destacar lo importante de algo. “¡Es la economía, estúpido!" La célebre frase de James Carville, asesor del demócrata Bill Clinton, la traigo a colación para hablarles un poco del turismo, del Brexit y de lo que es realmente importante en esta cuestión.

Y con el Brexit, con la salida del Reino Unido pasa algo parecido. No se debe poner la marcha negativa como referencia absoluta, porque no lo es. Canarias era un referente turístico, como el resto del Estado español, de los ingleses, escoceses, galeses e irlandeses desde mucho antes de que España entrara en la Comunidad Económica Europea, de los 12,  allá en el año 1986 y después ganara protagonismo en la Unión Europea que llegó a los 28 países miembros. En realidad, los ingleses y demás siempre han estado aquí, mucho antes de convertirse en turistas de sol y playa, a partir del boom de los años 60. Antes habían sido viajeros a Canarias, comerciantes en Canarias y piratas temidos que intentaron quedarse con estos peñascos en muchas ocasiones, hasta el punto que el Almirante que todavía manda en Trafalgar Square, Nelson, perdiera su brazo en esa porfía chicharrera.

Está claro que el salirse de la Unión Europea empapela las relaciones. Donde antes no hacía falta documentos personales, ni institucionales, ni permisos extraordinarios ahora está por ver. Pero el turismo en un tsunami imparable, que crece todos los años a nivel global y que nada presagia que vaya a ser de forma diferente. Y los británicos, en eso, tienen mucha experiencia y lo tienen muy interiorizado. Para ellos viajar es parte de sus derechos fundamentales, y los defienden viajando allí donde se encuentran bien, como en Canarias. Como en Lanzarote.

Aunque tengamos a un par de vividores, en Lanzarote el par siempre es más de dos, creyéndose que los ingleses vienen a la isla porque ellos se reúnen con no sé qué directivos de no sé  qué compañías aéreas y se gastan un montón de dinero en campañas irrisorias, y una plata importante también en dormir, y a veces algo más,  en grandes hoteles, comer en grandes restaurantes y pasear, incluso, con sus parejas, que empotran de forma disimulada, o no, en el expedición reconquistadora, de eso nada. Que no quiero decir con esto que no tengan que negociar con compañías aéreas, ni hacer campañas, ni ir a ferias. ¡Qué va, qué va! Todo lo contrario, eso sí hay que hacerlo. Lo que no hay que hacer es quedarse en los mejores hoteles a dormir, ni a otras cosas, ni irse a comer a los mejores restaurantes ni creerse que son los reyes del mambo por hacer un trabajo tan previsible y rutinario para el que ya reciben un sueldo y dietas muy por encima de lo que han demostrado antes, durante y, posiblemente, después. Si realmente hubiera que tener genios, superdotados o simplemente expertos de renombre del sector está claro que ninguno de ellos estaría donde está. Pero eso es lo de menos ahora, en este artículo.

Me interesa, sobre todo, subrayar de estos ¿tecnócratas?, ¿o son simples arribistas?, su incapacidad para darse cuenta que la única alternativa posible al turista británico de Lanzarote después del Brexit  es el turista británico. Las mismas cifras que dan ellos en rueda de prensa, lo dicen a gritos, aunque estos sordos turísticos integrales no escuchan sino el eco de sus engoladas y vacías palabras. ¿Cuánto tiempo habría que esperar para que los franceses, al ritmo de crecimiento y gasto actual sustituyan a los británicos? ¿Cómo economías  y poblaciones de los Países Bajos o el Benelux completo pueden sustituir a medio plazo a los británicos? No hay más alternativa para sustituir el más del 50%  de turistas que llegan del Reino Unido que los ingleses, escoceses, galeses e irlandeses. Es sencillo.

El único problema real, el único que puede hacer que los ingleses no lleguen a Canarias y Lanzarote de forma masiva es su economía y principalmente, su moneda, la libra esterlina, y su cambio con el euro, que es la que les ha dado vacaciones baratas, y residencias a jubilados británicos, de lujo, en España. También en Lanzarote. Las compañías aéreas no ponen más vuelos porque Ángel Vázquez le cuente, de forma incomprensible tanto en castellano como inglés, un chiste de gallegos o Héctor y señora les hablen de excentricidades varias. Lo hacen porque tienen a millones de ingleses que quieren venir a Canarias y no irse a Egipto, por ejemplo.  Y seguirán haciéndolo mientras sea rentable, porque esas empresas aéreas son tan privadas como Binter. Y si el consejero viajero es capaz de reconocer que no que no tiene capacidad para convencer a la empresa aérea canaria de que ponga un vuelo directo con la Península desde Lanzarote, a pesar de que España sube como la espuma como país emisor de turistas, ¿por qué vamos a creerle que convence a un inglés con lo mal que habla el idioma?

“Es la libra, estúpido”, no cabe duda. Todas las barreras que se quieran poner se caerán como un castillo de naipes si los ingleses salvan su economía, y evitan la caída de su moneda. Y es así o no es de ninguna manera. Cualquier otra opción que se planteé es solo palabra de políticos y asimilados. O sea, una cochina mentira.