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Un jueves más

Afrontamos otro primer jueves de mes en el que el Foro contra la Violencia de Género de Lanzarote deberá permanecer en casa con su pancarta plegada, su reivindicación enmudecida y la frustración y la impotencia cobrando protagonismo.

No es para menos. La seguridad del confinamiento en el hogar, proclamada como la mejor fórmula frente al virus de la Covid, se ha revelado letal contra una de las más graves enfermedades de nuestros tiempos: el machismo violento y asesino.

Según los datos del Boletín Estadístico Mensual de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género del mes de mayo, en las Palmas se efectuaron 901.647 llamadas de denuncia de situaciones de peligro; en los primeros cinco meses del año las peticiones de auxilio a través de esta herramienta aumentaron en un 25 por ciento con respecto al mismo período de 2019.

Las viviendas que para la mayoría eran sinónimo de seguridad y antídoto contra el miedo se han convertido en cárceles para muchas mujeres en nuestro país, en nuestra comunidad, en nuestra isla. La violencia de género ha trepado a los titulares en un nuevo intento de mostrarse en su enorme, infausta magnitud.

Pero mientras las denuncias y los gritos de socorro se multiplicaban, hemos visto impotentes los intentos de convertir las manifestaciones del 8 de marzo en responsables de la crisis y vehículos de la enfermedad. El patriarcado no descansa, el machismo se cuela por cada rendija de oportunidad para mantener a la población femenina sojuzgada, en posiciones secundarias, en funciones domésticas, en tareas reproductoras y de cuidados, sin opinión, sin lamentos, sin criterio.

No debemos permitir que la violencia contra las mujeres y la discriminación de género se hagan fuertes en una sociedad debilitada por el impacto del virus y la crisis económica. Y aunque la anómala situación nos impida salir a la calle, desplegar nuestra pancarta y llamar la atención contra el machismo, mantengamos nuestro rechazo vivo en las conversaciones en casa, en las primeras salidas al trabajo o a la calle, en nuestras redes sociales. Para que la desigualdad y la furia no ganen la batalla.