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¿Cómo son los ricos en Lanzarote? (I)

Mis hijas, que son dos y ambas veinteañeras, tienen la fea costumbre de ponerme en evidencia cuando coincidimos almorzando los tres solos.

Mi hijo, en cambio, cuando se apunta, es más de echarse unas risas mientras disfruta de la comida, que le gusta más que las discusiones o debates. En esta ocasión, sin saber muy bien cómo y cuando estaba entretenido leyendo la etiqueta del vino, oigo de fondo una pregunta: “¿Cómo son los ricos de Lanzarote, Papá?”, preguntó una de ellas. Tardó poco la otra en quitarle importancia a la ocurrencia: “Los ricos son iguales en todos lados, lo interesante es saber cómo son los pobres en Lanzarote”. Las miré a las dos, que a su vez me miraban a mí esperando una respuesta. Terminé de completar el bolo alimenticio sin prisas, masticando despacio mientras buscaba una respuesta rápida, que sabía que no tenía, y elegía en cuál de las dos preguntas quería centrarme. Descarté de inmediato la de los pobres.

  • Hijas mías, les voy a hablar de los ricos, que los pobres de Lanzarote los conocen ustedes muy bien por razones obvias

Las risas de las dos, me volvieron a dar tiempo para pensar si salía de aquel atolladero con otra broma o si me embarcaba, en serio, a transmitirles la imagen que yo tengo de los ricos de esta isla. Entendiendo como ricos a los que tienen más de un millón de euros, por ejemplo, pero diferenciando también entre ricos, muy ricos y mega ricos, que en Lanzarote tenemos de todos y más. Aunque, somos muchos más los pobres, que también los hay pobres, muy pobres y paupérrimos.

Los ricos de Lanzarote, como los ricos del mundo entero, no son todos iguales, ni tienen el mismo recorrido vital, aunque el salto de una sociedad rural, vinculada al campo y a la pesca, a una de servicio en los años 80 ha dado mucho juego a todos ellos. Unos porque se embarcaron directamente en el sector turístico y otros porque el crecimiento económico promovido por el turismo impactó también en su negocio al tener cada vez más cerca a más gente con capacidad de consumir.

 Hay ricos en Lanzarote que lo son desde generaciones pretéritas y los hay que se cruzan con sus grandes coche en la calle con sus  padres analfabetos o sus hermanos al borde la mendicidad. Hay ricos y pobres en la misma familia, que en Lanzarote eran grandes y numerosas. Hay ricos que tienen las manos más manchadas que el pintor que revuelve la pintura a pelo. Y los hay que lo son sin saber cómo porque sus padres les dejaron semejante fortuna que ellos solo van a tener tiempo en su vida de dilapidarla. También hay ricos de toda la vida que realmente no lo son. Gente con apellido ilustre, descendientes del militar ilustre, del comerciante aventurero, del funcionario de la corte o de similares que tuvieron en el pasado renombre y propiedades, pero que algún eslabón familiar anterior a ellos ya finiquitó el bien pero les dejó la carga de seguir manteniendo las apariencias. Algunos de esos, más bien las hijas, han casado con nuevos ricos, para unos ganar señorío y realengo mientras las otras ganan dinero para rehabilitar la hacienda que apunta ruina.

No faltan tampoco los ricos importados, que llegaron con perras o sin ellas, al principio del desarrollo turístico desde sus países o de la propia Península, y compraron tierras a peseta que ellos revalorizaron hasta el infinito. Este sistema de comprar tierras por nada y venderlas por un potosí fue rápidamente copiado por muchos de los que hoy están en la parte más alta de la representación gráfica de los ricos de esta isla. Los hay que hicieron del expediente de dominio su arma letal. Se enteraban de que el dueño de un terreno había emigrado o simplemente muerto sin descendientes o con muchos descendientes, que a los efectos es el mismo problema, y allá se iban al notario a iniciar el proceso para registrar lo ajeno como si fuera propio. También estaban los que esperaban que la miseria o la necesidad extrema visitaran al pobre y ya aparecían ellos a salvarles de su mal y de sus tierras. Por ofertas ínfimas, le arreglaban el asunto y les dejaban sin propiedades a un coste realmente bajo.

Después estaban los que coqueteaban con el poder, y desde el ayuntamiento, preparaban la norma para que las fincas que habían comprado por tres duros valiesen tres millones al cambiar lo rustico por lo urbano. Hay ricos en Lanzarote que leen un libro sobre perfiles psicológicos y no sabrían dar el suyo pero les pones a leer el código penal y están retratados en todos y cada uno de sus artículos. Y lo mejor de todo, no han pisado una cárcel en su vida, o lo han hecho de puntillas.

¿Qué si hay ricos honestos en Lanzarote? Pues como en todos lados. Claro que también los hay. Sobre todos los ricos con valores patrimoniales más cercanos al millón. A medida que van aumentando sus capacidades de ingresos va disminuyendo su honradez. Unos acaban pleiteando con Hacienda, otros con proveedores y clientes, o con vecinos o competidores. Pero sí que los hay. La eclosión del turismo en la isla, dio muchas posibilidades. No solo la de delinquir para hacerse millonarios con lo del otro. Hubo gente que tenía tierras que no valían nada, tierras marginales sin valor para la agricultura, cuya proximidad al mar multiplicó su precio por millones. Los primeros  cayeron como conejos con los señuelos de los compradores de terrenos. Pero otros, al ver el andar de la perrita, apretaron el estómago y aguantaron el hambre unos días más, para que les cayera el precio más justo posible. Y les cayó, Porque el precio alcanzado, desorbitado para él, seguía siendo una minucia para el que ya conocía el negocio turístico y la rentabilidad del mismo.

Los ricos de Lanzarote dan para mucho, aunque en realidad la mayoría no dan para nada. Una seña de identidad, sin poder ser general pero muy cercana, es que son más agarrados que qué sé yo. No dan, aunque a veces pueda parecerlo. Su dinero sólo se mueve en busca de más dinero. Si financian campañas políticas, acaban encaramados en proyectos de dudosa legalidad. Si te invitan a comer, acabas pagando tú. Salvo excepciones, que también las hay. Y, como no podía ser de otra manera, te llevas las sorpresas del siglo. Con aquellos que van de gentleman, de señores, de sobrados, pagas tú sí o sí. Con los otros, de forma recia, de pocas palabras, de trato respetuoso, no pagas ni queriendo.

Pero estas cosas de ricos necesitan más de un almuerzo y más de un artículo para penetrar en esa jungla de poder, dinero y ambiciones. Hay comportamientos realmente horripilantes y hechos incomprensibles para los pobres que creen que primero es la familia, el amor o la felicidad. Cuando entra el dinero por la puerta de la  casa, al parecer, por la ventana sale todo lo demás. Es dinero, dinero, muchachas. Y no es poco.

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