El “mírame, mírame” y las lindezas del plenario circense
- MANUEL GARCÍA DÉNIZ
Una sesión plenaria del Cabildo de Lanzarote es prueba suficiente para saber de qué va la política insular. Vale la última. No hace falta más. Es un verdadero circo, donde si acaso sobran payasos y se echa en falta equilibrista del buen gusto, del buen gobierno, capaz de hacer piruetas bonitas ante las más que evidentes muestras de peligros sociales y quiebros demagógicos. Hacía tiempo que no perdía toda una mañana viendo como los 23 consejeros que conforman el plenario insular escenifican sus miserias con toda impunidad. En realidad, la mayoría permanece en silencio, riéndoles las gracias a los de la bancada propia cuando toca y jugando con el móvil, como si la realidad estuviera allí adentro y no aquí afuera.
El cruce feroz del portavoz del PP, Ángel Vázquez, y la del PSOE, Ariagona González, reclamándose mutuamente miraditas de adolescentes mientras se interpelaban, es digno de los mejores espectáculos de “Chopito y Chaporro” de mi infancia más profunda. El gallego que habla a su manera y Ariagona a la suya, no perdieron oportunidad de tener su minuto de risa con ese intercambio de “pero mírame, mírame cuando hablo”, “pero mírame usted también a mí” que acabó con un estallido histérico de Ariagona reprochándole al otro que no la amenazara. Nadie diría que aquellos son los representantes de una isla que está al borde de quedarse sin agua, de una isla que está desbordada, masificaba y sin capacidad de dar cama y techo a muchos de sus nuevos residentes, cada año miles más. Una isla que se “autodeclara” sostenible en cada anuncio propagandístico pero que ni tan siquiera es capaz de cumplir la mínima agenda en ese objetivo, que está muy lejos de cumplir.
Me gustó que el transporte público ya sea tema de debate. Que se hayan dado cuenta que las guaguas son fundamentales para quitar coches, bajar contaminación, hacer las carreteras más transitables y seguras, aligerar la carga económica de las familias y aventurarse en una isla sostenible. Es verdad que ha hecho falta que algunos luchemos para imponerlas en la agenda política y comenzara a aparecer en las encuestas como uno de los grandes problemas. Se habló mucho de transporte público en este pleno. Del dicho al hecho va todavía un gran trecho. Precisamente, una de las grandes discusiones y enfrentamientos entre el PSOE y CC vino a cuenta de las guaguas. El PSOE parece que ya se ha dado cuenta de que el transporte es necesario. Y lo está peleando. Hay que reconocerlo. Y fue valiente la líder socialista María Dolores Corujo cuando le soltó al presidente que sacara de una vez el pliego de adjudicación del servicio de transporte regular y dejó caer como una bomba envenenada que ella estaba convencida de que se la llevaría la misma empresa. Muy bien traída, por cierto. En mi caso, no sé si volverá a quedárselo pero que veo poco interés en que sea de manera distinta sí lo digo.
“Que conste en acta”, soltó el presidente a tipo de amenaza ante la aseveración de Dolores. Como si el pleno no estuviera grabándose en su totalidad y los encargados de hacer las actas del mismo no tuvieran la obligación de oficio de recogerlo. Oswaldo no pierde ocasión de dejar huella de su simpleza y de su irrefrenable tendencia al uso de fuegos de artificio. Y tampoco en esta ocasión fue capaz. Estamos ante un presidente que se muestra en el pleno como es realmente como presidente. El hace de moderador exclusivamente, aquello no va con él.
Ya no estamos en un cabildo presidencialista, él no discute con la oposición: prefiere reunirse en los saborea, a millón el día de fiesta, irse de viaje a medio mundo, con gastos a cargo del pueblo, y parlamentar a solas, aquí o llevándolos al Parlamento de Canarias, con su club de empresarios adulones, siempre prestos a echar una mano en tiempos electorales difíciles. Al presidente de la Cámara de Comercio, le ha dejado hasta el asiento de todos los lanzaroteños en la Autoridad Portuaria. Por dejarle le deja que “valoren” los pliegos para adjudicar contratos de 3,3 millones de euros a consultorías recién creadas. Pero no en el pleno, en el pleno ni pío. Solo está de moderador y cuando se arriesga mucho dice eso de “que conste en acta”. Oswaldo en estado puro, Oswaldo tal como es. Refleja claramente la visión que tiene de Lanzarote, y lo que hace por esta isla. Qué diferente a cuando el hombre está de fiesta, de mitin, o en las redes sociales abrazando a todos y con arengas igual de infantiles que de inoperantes para esta sociedad nuestra.
Miguel Ángel Jiménez es el escudero encantado de Oswaldo. Y le gusta ir de medio “payasete”, no escatima ni reírse de sí mismo (“yo gagueo, yo no hablo tan bien como ustedes”, llegó a decir), para después soltar una andanada contra la oposición. Y del transporte público, todavía, no ha dicho sino tonterías y que él se lleva por los técnicos. A los que hay que defender por encima de todo. Como hay que defender por encima de todo, a la empresa adjudicataria. A quien no hay que defender nunca es a los usuarios. Precisamente no hay que defender a los que quieren ir en guagua y no pueden, que son precisamente la mayoría de los lanzaroteños. Hay que defender a la empresa, hay que defender a los técnicos, hay que defender al presidente, pero nunca a los ciudadanos. Es la visión más clara de lo que hacen y para quién los políticos actuales.
El problema de Miguel Ángel no es que gagueé, no es que quiera tanto a la empresa concesionaria o a los técnicos. El problema es que sigue sin decirnos qué va hacer con el pliego, cómo van a ser las rutas, si van a haber paradas en los CACT o no, si un vecino de Tinajo podrá ir a trabajar a Playa Blanca sin pasar por Arrecife, si tendremos un servicio eficiente, o por lo menos eficaz, para atender las necesidades de movilidad de los lanzaroteños. Jiménez habla de todo, y lo hace clarito/clarito, hasta que le preguntas qué va a hacer con el pliego, qué contiene ese pliego. Entonces, ya no arranca o se pone a contar anécdotas bobas como que se reúne con todas las asociaciones de la isla, que se va a una parada, que habla con un escolar y cosas parecidas. Solamente le falta decir que se come un bocadillo de chorizo para tener en la boca el sabor más auténtico de la política insular. Como si aquí se tratara de contarnos el día a día y no que dieran cuenta de los resultados. Cuanto más les veo y más les oigo, más de acuerdo estoy con Dolores Corujo de que se van a pasar los años y seguiremos llenando la isla de más coches viejos, ante la ausencia de un transporte público y la carestía de los vehículos para unos trabajadores con cada vez menos capacidad adquisitiva. ¡De vergüenza!
Los Óscar, Noda y Pérez, hacen su papel. El de VOX, Pérez, que solo ha sido superado en transhumancia partidaria por Sergio Machín, con el que seguramente comparta ideales y comportamientos, hasta destaca, a veces, ante el bajo nivel reinante. Por su parte, el de UPY intenta actuar con mesura y jugar a político bueno, haciendo buenas propuestas y votando a favor de todo aquello que entiende positivo para la isla, pero le falta todavía garra si quiere sobresalir con fuerza y ser una alternativa de algo. En cambio, el que destaca sobremanera es Armando Santana, incalificable e inclasificable de cualquier manera. Se le podría llamar chaquetero, arribista, poco ético y entregado en exclusiva a su causa personal con todos los ropajes que encuentra en su camino y fuera de él. Pero hacerlo así, sería injusto. Nos quedaríamos cortos, muy cortos. Armando ya ha descubierto que este mundo es un espectáculo y que él no quiere quedarse fuera del escenario. Y cuanto más cerca esté del grupo de gobierno, mucho mejor. Y si hay que escenificar que ya no me llevo con el grupo anterior, al que adoraba en público más que en privado hasta las pasadas elecciones, yo no tengo ningún problema. Ninguno. Como si tengo que cambiar de emisora de radio y amigos para mantenerme en el machito. Y así va sobreviviendo. Que ya sabe que mucho más duro es poner un bar.