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Rebrotes y rebrutos

 

 

Evidentemente con ‘rebrutos’ no me refiero a un imaginario grado superlativo de cantidades de dinero sin descuentos o retenciones, y sí a la torpeza, a lo bestia y sin medida, en nuestro comportamiento contrario al orden social en este periodo clave, todavía sin vacuna contra el covid-19, en el que intentamos reorganizar nuestras vidas con un mundo de incertidumbres a nuestro alrededor. Por no saber, no sabemos, con exactitud, ni cómo ni  cuándo se inicia el curso académico 2020 – 2021,  aunque el Gobierno de Canarias publicó el pasado 17 de julio la resolución de 19 folios por la que se dictan instrucciones, ajustadas al protocolo de prevención y organización, para el desarrollo de la actividad educativa presencial en centros no universitarios de la Comunidad Autónoma de Canarias.

Si bien la palabra bruto antecedida del prefijo re  no aparece reconocida  en el diccionario de la RAE, me tomo la licencia de usarla porque no hay forma de justificar conductas irracionales que atentan con nuestra salud y van expeditas a dar al traste con los esfuerzos, de todos, de intentar curarnos y reactivar la economía.

No estoy hablando, por ejemplo, de personas que no tienen otra opción que lanzarse a la calle a todas horas para sumergirse en la venta ambulante. Pasa en grandes ciudades del mundo y se acentúa en urbes aparentemente desarrolladas y “bonitas” de Latinoamérica, cuya gran parte de la población depende de la economía informal para subsistir.

¿Dónde está esa nueva sociedad más concienciada, solidaria y altamente valedora del bienestar individual y colectivo que supuestamente se estaba construyendo durante el confinamiento?

En España, según datos recientes aportados por el Ministerio de Sanidad, casi el 50 por ciento de los rebrotes de coronavirus activos tienen origen en reuniones familiares.  ¿Nos acordamos de los aplausos a los sanitarios? O lo catalogamos ya en la memoria digital como un simple espectáculo ocurrido en 2020  inconsecuente con nuestro actuar.

Conozco personas vinculadas al sector salud que siguen física y mentalmente agotadas. Son los mismos profesionales que tendrán que volver a apechugar, con mucho menos fuerza, si las tasas de contagios y letalidad de la pandemia vuelven a dispararse.

Y mientras tanto,  nosotros a lo nuestro, de guachafita, sin mascarillas, sin distanciamiento de seguridad, sin respecto a nuestra familia, y menos a nuestros vecinos, que “tranqui que aquí no pasada nada”, probablemente porque el covid no nos ha golpeado duramente de cerca con la muerte de un familiar o un allegado.  Olvidamos lo mal que lo hemos pasado en el confinamiento y el zarpazo que provocó a la economía doméstica y global. 

Si la salud importa menos y vamos al terreno puramente económico, hay empresarios que a pesar de la crisis y la falta de ingresos han inyectado dinero no solo para reincorporar trabajadores y adecuar sus locales comerciales y de ocio a las medidas de prevención higiénico - sanitarias, sino que han apostado en formación del personal para el cumplimiento de estrictos protocolos de seguridad, que tampoco son gratis.

Tantas inversiones en reinventarse para no morir pueden irse al garete si damos pasos atrás, como ya se constata en algunas regiones de España donde los propietarios de terrazas vuelven a guardar mesas y sillas para instalarse, otra vez, en la cultura del domicilio.

Cuando en Canarias aún no ha abierto la mayoría de complejos alojativos y los que están registran ocupaciones de apenas entre un 30 y un 50 por ciento, responsables de la industria turística nacional empiezan a preocuparse por algunas cancelaciones de reservas de agosto derivadas del miedo a los dichosos focos de rebrotes. Todo hay que decirlo, algunos turistas también parece que llegaran a otro planeta al demostrar con su comportamiento  que les importa cero los protocolos de seguridad. Como dice la expresión popular para creyentes y no creyentes: “¡Que dios no coja confesaos!”.

Y a propósito del prefijo re, el Foro Económico Mundial anuncia para enero de 2021 la cumbre ‘El gran REinicio’, dicen los convocantes, “para construir conjuntamente y con urgencia los cimientos de nuestro sistema económico y social para un futuro más justo, sostenible y resistente”. Suponemos que con absoluta atención a la tragedia del covid -19 y al cuestionamiento de un modelo neoliberal caduco y desnudo que es casi imposible volver a vestir. Mis mayores reservas porque son cerca de 400 líderes gubernamentales y empresariales del mundo con intereses dispares que vaya usted a saber si esos intereses son compatibles con su bella declaración de intenciones de construir sociedades más equitativas y sostenibles con sistemas más cohesionados de cooperación internacional. Nosotros a la nuestro, a empezar por casa.