PUBLICIDAD

El reto de convivir

 

Si ya antes de la pandemia vivíamos si no agobiados, al menos con una sensación permanente de crisis por la cantidad de conflictos políticos y sociales, que además podemos seguir en tiempo real, y los vaivenes de la economía local y mundial y su alteración en el bienestar ciudadano, casi siempre para mal, este año cuesta explicar los frentes abiertos desde que el covid-19 se plantó en nuestras vidas y el consecuente horizonte sombrío que divisa el planeta.

“De tercos”, le contestó un lugareño residente en un pueblito empobrecido del Caribe colombiano al ingenioso escritor David Sánchez Juliao (DEP), cuando éste, viendo la extrema miseria que lo rodeaba, le preguntó “¿Y de qué viven aquí?”. Como lo hizo aquel pescador es complicado describir, de forma tan corta, profunda y lapidaria,   la calamidad que hoy nos azota, y nos irrita, hasta comportamientos deplorables que dejan tocada la racionalidad del ser humano.

Los conflictos han existido y seguirán existiendo en el hogar, en el barrio, en los colegios, en las empresas y en cualquier escenario de relaciones humanas. Es normal, somos diferentes y es imposible pensar igual, además que sería muy aburrido. Tenemos el desafío de abordar la resolución pacífica de conflictos a partir del diálogo y el entendimiento con todas las cartas de negociación sobre la mesa. No es fácil ni ahora ni antes ceder cuando nos sentimos poseídos de la verdad absoluta, cuando vemos en el conflicto una “pelea”  y no un hecho positivo que nos puede llevar a conocer mejor a las personas y también nuevas perspectivas en la búsqueda de salidas inteligentes que en una situación de confort quizás no hubiéramos detectado.

Algunos autores explican la convivencia como un arte necesario, y si nos ponemos a pensar en la creatividad que ha tenido que desarrollar la humanidad para superar o sobrellevar la desconfianza milenaria existente entre culturas, sí que lo es.

“El infierno son los otros”, dijo alguna vez el filósofo e intelectual francés Jean Paul Sartre, fallecido hace 40 años. En esta rotura que ha supuesto la pandemia para nuestra vida conocida, me acuerdo de los insultos y agresiones a sanitarios en los peores momentos de contagios y muertes, de la falta de sensibilidad de los gobiernos con los profesionales que salvan vidas, de los comportamientos irracionales en la calle como si deseáramos propagar más el virus que contenerlo y de otros infiernos desestabilizadores y sin vacuna tan peligrosos como el propio covid-19.

Tenemos a la mano el reto o el arte de la convivencia para intentar armonizar diferentes formas de ver los problemas e intentar solucionarlos. No siempre el problema son “Los otros”, y creo que a estas alturas del partido nadie se ve feliz estando aislado, aunque disponga de toda la tecnología de última generación. Ninguna máquina reemplaza la comunicación directa ni la atención humana.

Con muy buen tino, mis padres me recordaban en la dedicatoria de un libro que me regalaron en 2003, el año de nacimiento de mi hijo, la obligación de ofrecer a nuestros más jóvenes “una formación adecuada a las buenas costumbres y el comportamiento social”. Cuánta razón de mis viejos que siempre nos inculcaron que la semilla del respeto se siembra y crece en el hogar y no en jardines ajenos. 

Comentarios  

#3 André Sabané 17-09-2020 09:48
Yo sé que nuestras vidas se asientan en lo que se llama 'zona de confort', y todo lo malo que sucede fuera de ella nos pilla como si fueran ecos lejanos, sucede pero estamos a salvo en nuestra 'zona de confort'. Sabemos lo que sucede ahí fuera, pero nos mantenemos a salvo en nuestra 'zona de confort'. Pero cuando llega alguien y nos pone la realidad frente a nuestros ojos, nos removemos inquietos y no damos crédito, por consiguiente, la apartamos y escondemos, hacemos por olvidarla y a refugiarnos en la seguridad de nuestra 'zona de confort'. Pero la realidad está ahí, existe aunque la apartemos de nuestra vista. Eso sucede con las migraciones masivas y su cara mas fea, los destrozos que están haciendo migrantes de la negritud y musulmanes en el tejido social de Europa. Para ejemplo, pinche y lea:
https://es.gatestoneinstitute.org/16511/suecia-violencia-grave.
Tenemos dos opciones: la damos a conocer o la escondemos para no alarmar al populacho. "Escribir para inquietar".
Citar
#2 Antonio 14-09-2020 22:58
Que verdad llevas en muchos párrafos de éste artículo, me paro en algunos destaco y comparto, como no siempre el problema son "los otros"; y que más cierto como que este planeta es redondo que los padres debemos formar en buenas costumbres y comportamiento a nuestros hijos, como esa anécdota que cuentas Alex al nacimiento de tu hijo Mateo, que padres más sabios y sabedores de esa sabiduría cual es lo mas importante en las personas.
Te felicito por ello Alex y por otra clase magistral con este artículo
Citar
#1 André Sabané 14-09-2020 18:05
En vez, sr. Salebe, de enredarme en un comentario largo y farragoso –coincido con usted en que convivir es un reto–, para no aburrirle, voy a ser corto. Primero de todo quiero dejar sentado que la mentira es el santo y seña de los políticos europeos –y españoles–. Al pueblo no hay que decirle la verdad –decía aquel político– porque se asusta, y si se asusta, no duerme, y si no duerme, al día siguiente pide que nos vayamos. "El arte de la mentira política –escribía Jonathan Swift– es, en efecto, el arte de hacer creer al pueblo falsedades saludables con vistas a un buen fin". Nos engañaron con las migraciones masivas. Si antes de las migraciones masivas, convivir ya era dificil, ahora cuando los africanos, asiáticos y demás compadres han tomado Europa al asalto, es un problemón de mucho cuidado. Sobre todo, es muy difícil convivir con los musulmanes. Pinche aquí, lea y saque conclusiones:

https://es.gatestoneinstitute.org/16481/charlie-hebdo-vinetas-mahoma
Citar

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar