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Yonathan

 

Debo reconocer que ni tan siquiera el nombre sabía cómo era. Ni como se escribía. Ahora, de sopetón, abundan los Jonathan, los  Yonathan o los Yonatan. Teóricamente, es lo mismo. O sea, tienen el mismo origen. Pero los nombres son los nombres. Y es el que es: ningún otro vale. Reconozco que era más fácil cuando todos nos llamábamos Manuel, Antonio, Juan, Pedro, Simón, Ricardo, Vicente, Bernabé, Jesús y parecidos. Y para simplificar, muchas veces Manolo, era el hijo de Manuel, nieto de “siño” Manuel y bisnieto de otro Manuel. Pero las cosas cambiaron primero para recuperar nombres guanches y aparecieron los Rayco, Ico y compañía y luego el “boom” turístico y demás movimientos de internacionalización de todo nos trajeron la introducción de nombres extranjeros, de otros idiomas y otras culturas. Pues el nuevo alcalde de Arrecife, un treintañero, lleva nombre proveniente de esas nuevas corrientes, que a lo aleja de los clásicos Juan y José de su abuelo y padre pero que lo acerca a su generación, al momento que le tocó vivir.

Ni sabía el nombre de Yonathan. Ni sabía casi nada de él. Ni tampoco consideraba que tuviera que saber nada más. Sabía que era un hombre joven, de mirada vivaracha, que Astrid Pérez decidió incluir en su lista de asesores como alcaldesa de Arrecife en el mandato pasado. Y pensé que lo puso por ser nieto de su amigo centenario Juan Machín, al que se abrazaba, cada vez que lo veía en la calle, con tanto amor y devoción como el que ella recibía del viejo Machín. Me lo etiquetaron como “El carnicero”, por haber sido gerente de una carnicería en Titerroy, y ahí quedó eso. Astrid lo metió en su candidatura al Ayuntamiento de Arrecife de número tres y yo volví a concluir de la misma manera: Astrid le mete de tres porque quiere una lista de gente de confianza, a este lo tiene aleccionado después de cuatro años a su lado de asesor, es el nieto del afiliado más veterano de todos los tiempos del PP, pues para dentro. Así quedó la cosa, hasta que quedé un día para comer con la presidenta del PP insular cuando se estaba rumoreando la posibilidad de que fuera la presidenta del Parlamento de Canarias.

No creo que lo diga por primera vez, pero me gusta repetirlo: mantengo una sincera amistad con Astrid desde hace mucho tiempo (al igual que con otros políticos). Nuestra amistad es tan profunda como grandes nuestras diferencias políticas. Pero reconozco que cuando quedo con ella me río de lo lindo y me lo paso bien. Los amigos no tienen que ser copias de uno. Es preferible, si puede ser (que ya se sabe que la amistad es también sentimiento caprichoso y a veces hasta dañino), que los amigos te aporten cosas nuevas, que te hagan crecer con sus aportaciones ya sean de conocimiento o de sentimiento. Para que se parezcan a ti, ya hay otras figuras como los hijos o hijas y demás descendientes. Con Astrid, además, tengo siempre una estrategia inicial: no creerle nada por principios. Nada que tenga que ver con la política. En lo demás, le doy la misma credibilidad que a cualquier otro amigo/a. Así que cuando me habló tan bien de ese chico número tres de su lista desconecté. Era política, era mentira, deduje.

Pero todo cambió cuando me preguntó que qué me parecería Yonathan de León de alcalde. Noté que me asfixiaba. El volver del quinto pino en el que me encontraba yo con mis pensamientos abstractos mientras Astrid hablaba de política, coincidió con el mismo momento en el que intenté tragar ese tartar que preparan tan bien en la Avenida de Playa Honda. Carraspeé un poco, fruto de la sorpresa y del trozo de carne cruda que cogió el camino malo mientras Astrid buscaba su propio camino. Reaccioné buscando la confirmación de lo que en aquellos momentos no estaba tan claro: ¿Entonces dejas el Ayuntamiento y serás la primera presidenta del Parlamento lanzaroteña?

  • ¡Manolillo, Manolillo, cómo eres! _ Astrid lo mismo me llama don Manuel que Manolillo. Cada cosa en su momento. Cuando quiere quitarle hierro a lo que yo digo me llama Manolillo. Cuando quiere darle solemnidad a lo que ella dice, me llama don Manuel, y así yo tendré que tratar su comentario como una aseveración de doña Astrid.

Estaba claro que Astrid preparaba las maletas. Eso quedaba confirmado. Así que lo próximo era saber por qué ese tal Yonathan tenía que subir desde el tercer puesto a los cielos, coger el bastón de mando y ver hecho realidad el sueño que tienen muchos arrecifeños. No me extraña que Yonathan piense que Astrid es el hada madrina que le dejó su abuelo para que cuidara de él en su ausencia.

Astrid me puso a Yonathan por las nubes. Me habló de su capacidad de trabajo, de su entrega, de su lealtad y no sé de cuántas cosas más. Ahora me apena no haberle prestado más atención. ¡Pero que iba a hacer yo, era política!  Y Astrid, cuando habla de política, sus verdades las echa al viento de la misma forma que los agricultores de antaño repartían las semillas sobre las tierras antes de arar. Con el arado tirado por el camello, el agricultor removía la tierra con desigual suerte para cada una de aquellas pepitas de cebada, lentejas o trigo. Y Astrid heredó en su discurso, da igual que sea de proximidad que ante el público, esa facilidad para echar al viento sus intenciones con la voluntad que peguen bien al caer en la tierra por la acción de terceros.

Ahora, cuando ya no me acuerdo ni del sabor que tenía el vino que compartimos, debo reconocer que tenía razón. Que su afirmación de que Yonathan era “un crack” está arraigando en muchos vecinos de Arrecife que le valoran su ímpetu, sinceridad y capacidad de trabajo. Su cercanía y su positivismo. El tiempo le pondrá en su debido lugar. Pero ese mismo tiempo, por ahora, le está colocando como el político de moda. Todo hacía presagiar que la ilusión política en este mandato la iba a liderar el Cabildo con su cambio de gobierno. Pero, por el momento, en el primer trimestre del mandato, alguien que no existía políticamente hace tres meses, encabeza todas las quinielas.  Si no se desinfla, si no se pasa de frenada, si no se mimetiza con una clase política local podrida, a lo mejor, solo a lo mejor, estamos ante una nueva estrella política. Lo que hará que el PP deje de ser en Lanzarote el pequeño de los tres partidos grandes para convertirse en otra cosa.

Y Astrid me lo adelantó. Pero no le hice caso. Aunque, por una vez, me alegro de que sea ella la que tenga razón. ¡Ya era hora!

Comentarios  

#1 Mencey Sosa Corujo 22-09-2023 14:03
Jony también es muy bonito el diminutivo y muy canario
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