Más conversación, menos ruido

"Necesitamos más conversación y menos consignas. Más escucha y menos ruido. Más tiempo para entendernos, para reconocernos. Más tiempo para ser mejores personas"
- Escrito por Isidro Pérez, alcalde de San Bartolomé.


En esta época del año vivimos reencuentros con la solidaridad. Y pertinente el prefijo re, porque parece que en diciembre recuperamos la virtud o el valor de la unión y el apoyo voluntario a personas o familias necesitadas o entidades que ayudan a personas o familias en situación de vulnerabilidad.

Es la fecha conmemorativa del Día Internacional de las Personas Migrantes, y un año más, vuelve a pasar casi que en silencio. En el escenario actual donde se cultiva y propaga el odio, resulta impopular abogar por el cumplimiento de derechos humanos y celebrar la aportación que hacen millones de personas de diversas nacionalidades a sus países de acogida.

Los periódicos nacionales recogían ayer una noticia común: el Ayuntamiento de Palma de Mallorca aprueba una moción para declarar persona non grata al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. La iniciativa ha tenido una amplia difusión mediática y, sobre todo, un notable recorrido en redes sociales, donde ha sido celebrada por jóvenes afines a la medida. Ahora bien, pasada la primera reacción -emocional, por supuesto-, conviene hacerse una pregunta básica: ¿esto sirve para algo?

Llegué a la Consejería de Hacienda y Contratación en 2023 con la mayor de las energías y, sobre todo, el sentimiento de responsabilidad más grande que se puede tener en la política insular: gestionar la economía para que repercuta positivamente en el beneficio del conjunto de los vecinos y vecinas de Lanzarote y La Graciosa. Y eso trato de hacer en todo momento.

Tras la Resolución 2797, de 31 de octubre de 2025, del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas relativa a la situación del Sáhara Occidental, se han producido una serie de informaciones que afectan directamente a nuestro archipiélago y que, a mi parecer, han pasado algo desapercibidas.

Hay momentos en la historia de un pueblo que no se explican por grandes gestas militares ni por fastuosas obras (o cruces) de piedra, sino por algo mucho más silencioso y, a la vez, más duradero: la voluntad de pensar, de debatir, de instruirse. Canarias tuvo uno de esos momentos a finales del siglo XIX, cuando un grupo de hombres decidió que el progreso no vendría solo de los puertos ni del comercio, sino del conocimiento compartido. Aquel espacio se llamó Gabinete de Instrucción de Santa Cruz de Tenerife.

La inteligencia artificial (IA) ya no es una promesa tecnológica que se proyecta en un futuro lejano. Está entre nosotros y está transformando la manera en que diagnosticamos, tratamos y gestionamos los recursos en los sistemas sanitarios. No se trata de ciencia ficción ni de un experimento de laboratorio, sino de realidades que pacientes y profesionales viven a diario: algoritmos que ayudan a detectar enfermedades en fases más tempranas, sistemas capaces de prever la presión asistencial o herramientas que devuelven al profesional minutos preciosos para la relación humana con el paciente.

Como viene sucediendo en los últimos años, Canarias crece económicamente y continúa generando empleo, en lo que resulta determinante el empuje del sector turístico. Lo que, al margen de la escasa diversificación económica y sus implicaciones medioambientales y sociales, podría considerarse, en una primera mirada, un periodo exitoso. Pero lo es menos, mucho menos, cuando ese persistente incremento del Producto Interior Bruto (PIB) no se distribuye adecuadamente, aumentando de forma sustancial los ingresos de las grandes fortunas mientras buena parte de la población atraviesa crecientes dificultades para desarrollar una vida digna. Cronificando la pobreza. Consolidando una sociedad cada vez más desigual.

Villancicos, aguinaldos y comidas alegran los encuentros familiares y de amigos esta época festiva, donde a fin de cuentas el calor humano del hogar y nuestra gente cercana son el regalo más preciado, lo demás, no es que sobre, pero es prescindible.

Para los médicos, al menos para la generación que ahora se jubila o está cercana a ello, la medicina forma parte intrínseca de nuestra vida. Nos presentamos siempre con un “soy médico”, que es más una definición vital que la descripción de una profesión. Somos médicos las 24 horas del día, porque así lo sentimos desde que la elegimos como proyecto personal.