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Malas personas

Buenas personas (y V)

Las malas personas intentan engañarte, ningunearte, abusar de ti, acabar contigo de todas las maneras posibles pero, y esto es lo más cómico y sangrante, si no lo consiguen se enfadan contigo. La persona mala es caprichosa por definición, no busca hacer lo correcto, sino aquello que le viene bien a su capricho, que puede estar movido tanto por su desequilibrio emocional o mental como, exclusivamente, por su interés económico o de protagonismo social.

 De la persona mala no se puede esperar nada bueno, salvo que lo haga al servicio de una causa mala mayor. Si nos preguntamos dónde están los malos, la respuesta es sencilla: dónde quieren estar (que nunca es dónde deberían estar) o intentando, de forma malévola y maquiavélica, conseguirlo. ¿Y las personas buenas dónde están? Donde las dejan las personas malas; apartados, mayoritariamente, de los resortes del poder y haciendo su envidiable función sin más recursos que su empeño, sus principios y su resistencia.

Entonces, ¿el mundo es bueno o malo? ¿Incluso el mundo bueno es malo? La pregunta admite varias respuestas, pero si miramos detalladamente lo que pasa en el mundo es evidente la misma. Hasta ahora, la sucesión de revoluciones y avances se han hecho para buscar más calidad de vida para las buenas personas que, sin recursos ni visibilidad social, se encaraman en sus sueños de ser personas con todos los derechos. No quieren solo comer. Quieren también tener la libertad de elegir, la libertad de pensar, la libertad de poder transitar por el mundo sin pagar peaje a esos monstruos con sonrisa de payaso y comportamiento de equilibristas que anteponen a todo su propia satisfacción megalómana. Pero, misteriosamente, el hombre bueno que vence acaba reproduciendo el esquema de gobierno y de mando de los malos. Aniquilan sus sueños por su supervivencia en el poder. La erótica del poder existe y se llama malicia.

Tiene razón mi hija: los medios de comunicación están llenos de artículos, de noticias, de reportajes y de entrevistas de malos. Muchas veces son contra los malos y otras a favor de los lobos disfrazados de caperucitas. Pero pocas veces se les da cancha a todas esas personas que al margen de esas dinámicas de poder, de hegemonías y liderazgo intentan hacer más felices a sus vecinos, a sus familiares, a sus amigos, a sus desconocidos cercanos, a todo el mundo. Y lo hacen fuera de los pesajes previos para conquistar el poder. Son esos supervivientes de la honestidad popular los que tienen ser los referentes sociales, los ideales de personas, de buenas personas. Consiste, sólo, en dejar entrar esos valores en los espacios comunes sociales y mediáticos y darle puerta a los referentes de fuertes, poderosos, multimillonarios, guapos y maliciosos.

Sé que algunos de ustedes abrieron hoy este artículo esperando encontrarse una lista de hombres malos y mujeres malas de nuestro entorno social, personal, político o económico. Pero no, no era esa la intención. Ni falta que hace. ¿O no los conocemos ya a todos? Acaso, no salen todos los días, a todas horas, en los medios de comunicación. Simplemente quería dejar claro que, sin buenas personas de verdad, como las que he incluido en esta relación de artículos, auspiciada por una provocación de mi hija pequeña, pero adulta e inquieta intelectualmente, no hay esperanza. Todo estaría perdido porque las personas que no son malas ni son buenas del todo estarían todo el día haciendo lo justo para salvar su parcela sin molestar al malo. Pero no se dan cuenta que el malo, si se deja hacer/pasar, llegará hasta la mismísima cocina de su casa y le arrebatara hasta las últimas migajas de pan. Simplemente por darse el gusto. No va por hambre, ni por ganas de comer, sino por el perverso objetivo de demostrar que puede hacer lo que le viene en gana sin tener en cuenta nada ni a nadie.

Dicho queda, buenas personas del mundo.

 

 

  

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