Los del mono y los del chándal


Si usted contrata a un payaso para que sea su médico, no se extrañe que, cuando vaya de urgencias, el hombre se lo tome a risa. O que en pleno infarto, prefiera contarle un chiste a usar el desfibrilador. Seguramente sea un buen payaso, hasta una buena persona y muy gracioso pero lo que está claro es que no es un médico. Lo mismo pasa con nuestros políticos y con este pueblo nuestro. Elegimos a la gente que nos cae bien, que nos regala sus migajas mientras se enriquecen o despilfarran nuestro dinero público, que nos dan una vuelta en los cochazos que se compran con sus sueldazos y comisiones y hasta nos sonríen y nos invitan a sus despachos los lunes por la tarde y nos cuentan chistes y más chistes.
- Escrito por MANUEL GARCÍA DÉNIZ








