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Ocho islas, un gobierno

El Gobierno de Canarias en pleno se desplazó a Lanzarote y celebró en la Villa de Teguise un consejo de gobierno extraordinario con motivo de la celebración de los 600 años de la fundación de la misma. Además de la reunión del Consejo de Gobierno, el presidente y los consejeros desarrollaron distintas actividades no sólo en Teguise sino también en el Cabildo de Lanzarote, en Arrecife. El hecho de que los consejeros del Gobierno y del Cabildo mantuvieran reuniones con las distintas áreas de gobierno es, además de un hecho insólito, una oportunidad de conocerse los dirigentes y técnicos de ambas administraciones y profundizar un poco más en el conocimiento de los problemas insulares.

Hay quien se queda únicamente con la parte de marketing política y propaganda institucional que tienen estos actos. Pero son mucho más que eso, si se sabe sacarles partido. No importa tanto por qué lo hace el político de turno, ni cuáles sean sus primeras intenciones, porque, entre otras cosas, sería muy difícil desenmarañar en ese intrincado mundo de las intenciones políticas aquellas acciones que no tiene esa voluntad de rentabilidad electoral.

Al margen de ello, los consejeros del Gobierno de Canarias son los grandes desconocidos en las islas, preferentemente en las menos pobladas. Muy pocas personas saben quiénes son los consejeros y qué áreas llevan aparte del que proviene de la isla en cuestión, que hace campaña permanente en el lugar, porque es de ahí de donde se le ha mandado allí.  O sea, hay una necesidad objetiva de que los consejeros vayan a las islas. En su doble vertiente: para que ellos conozcan mejor los problemas de estas, desde la propia perspectiva de la isla, y para que los habitantes de las islas les conozcan a ellos.

No es un disparate, ni mucho menos, que ese Gobierno de Canarias también fuera consciente de la fragmentación del territorio y estuviera por la labor de vivir esa realidad como institución y que no se dejará llevar exclusivamente por los cuentos que cada uno de los consejeros puede llevar al Consejo o por los que hacen llegar los típicos lobbys, que solo se representan a sí mismos. Que al año, el gobierno pase una semana en cada isla menos poblada, solo significan cinco semanas de las más de cincuenta que tiene un año. O sea, apenas un diez por ciento de un tiempo que permitiría un mayor conocimiento por ambas partes. Que sepan cómo se vive y de qué se quejan y de que se enorgullecen la gente de las distintas islas de su tierra. Y, además, eso significa, también, que durante esos días, la isla en cuestión, se proyecte en el archipiélago para conocimiento del resto de los canarios.

Lo podemos ver como una anécdota. Como un simple guiño del gobierno a un compañero de partido que celebra los 600 años de su Villa. Pero también podría servir para empezar a gobernar el archipiélago con otros modos y maneras. Aunque sea 600 años después.

  

  

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