PUBLICIDAD

Viajes

Logroño, el regreso al Camino

Cruzar La Rioja, desde Logroño a Burgos es sobre todo caminar entre un inmenso mar de vides.

Volvemos con las pilas cargadas y dispuestos a cruzar las llanuras de Castilla. Primero La Rioja y después, las castellanas Burgos, Palencia y llegada a León. Más de 320 kilómetros por delante, en 11 días de caminata, y 13 de Camino. ¡Ay, mis pies!

El Camino de Santiago, desde Lanzarote (V

Mes de mayo, día 22. Amanece frío, apenas cuatro grados marca mi termómetro digital, aunque en el Hotel NH Logroño Herencia Rioja, en el mismocentro de la capital riojana, no se nota nada.  Eran las cinco de la mañana pero ya no tenía sueño. Bueno, sí tenía sueño, lo que no tenía eran ganas de dormir más. Pero mi sueño estaba a punto de comenzar: volver al camino, donde lo habíamos dejado ocho meses atrás, el año pasado, en septiembre.

  • Escrito por Manuel García Déniz

La Rioja que viene

Es un mundo de peregrinos donde cada uno va a su ritmo.


Las vides marcan el paisaje a medida que nos acercamos a Logroño

El Camino de Santiago, desde Lanzarote (IV)

- !Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu! ¡Buen Camino!

La atronadora bocina de un bicigrino tan alegre como maleducado me sacó del ensimismamiento. Llevaba más de dos horas caminando solo en un llano terroso lleno de vides cargadas de uvas. No sé cuándo ni cómo dejé atrás a mis dos compañeros y me alejé a mi ritmo, un tanto más rápido que el que ellos mantienen por ser sexagenarios y menos temperamentales que yo. Reflexionaba completamente ido hasta  que la vaca metalizada del peregrino de dos ruedas me despertó. No suelen darse esas intromisiones tan violentas en el camino. Los unos y los otros son muy respetuosos y suelen pedir paso con un pequeño grito para hacerse notar. Pero este prefirió sacar la vaca que llevaba en lo más recóndito de su ser. Observo, ahora, con detenimiento el paisaje, la inmensidad del mismo, las infinitas parras y la sensación de soledad que me entra a medida que desaparece en el horizonte el intruso ruidoso. No veo a ningún otro peregrino a la vista. He visto a muchos a lo largo de la mañana pero en estos momentos sólo veo vides y más vides. Ni casas, ni personas en aquel paisaje agrícola, humanizado pero ahora solitario.

A medida que nos acercamos a La Rioja, Navarra se mimetiza con su vecina en campos llenos de parras y uvas.
  • Escrito por Manuel García Déniz

Pamplona, la primera ciudad del Camino Francés

La ciudad de Pamplona es el primer registro de gran ciudad del Camino. Encontrarte con los servicios de una ciudad de cerca de doscientos mil habitantes rompe la dinámica del ambiente rural pero aporta otras exquisiteces que vamos a aprovechar.

Tres días de caminata, cerca de 70 kilómetros recorridos y llegamos a la ciudad de los Sanfermines

El Camino de Santiago, desde Lanzarote (III)

Llegamos temprano al puente de la Magadalena, sobre el río Arga, entrada por los fosos de la muralla a la ciudad de Pamplona, capital de Navarra, una comunidad foral llena de un encanto especial que atraviesa el Camino durante seis espectaculares jornadas. Nosotros ya hemos hecho las tres primeras, la parte de los Pirineos, con sus bosques de hayas y robles y sus subidas y bajadas por puertos como el de Erro, obstáculo natural que se presenta antes de llegar a Zubiri.

¿Llegué a Pamplona o a Monzambique? La inmigración solidaria con el peregrino sobre el puente de la Magdalena, en la entrada a Pamplona/Iruña
  • Escrito por Manuel García Déniz

La muralla de Los Pirineos, una experiencia tormentosa

Una lluvia a cántaros, con fuerte descarga eléctrica, y una neblina que impedía ver más allá de veinte metros convirtieron el primer día del Camino en todo un reto inesperado

El Camino de Santiago, desde Lanzarote (II)

Llegamos a Saint Jean Pie de Port ( San Juan Pie de Puerto), Francia, dejamos las maletas en la casa rural en la que íbamos a pasar la noche y nos fuimos a cenar a una terraza en el centro del pueblo. La fisionomía del mismo es la propia de los pueblos vascos, de hecho pertenece al País Vasco francés y la zona se conoce como la baja Navarra. Después de 92 kilómetros en taxi, casi dos horas metidos de curva en curva, desde Pamplona hasta aquí, nos apetecía estirar las piernas y llenar el estómago. En la terraza, casi llena de clientes, se percibía la multiculturalidad del camino, aunque, al poco, empezaron a irse todos y a nosotros nos acabaron por apagar las luces en clara señal de despedida forzada.

  • Escrito por Redaccion

El Camino de Santiago, desde Lanzarote (I)

En Francia, en Los Pirineos, en la primera jornada de caminata.

La aventura de los peregrinos de tiempos pasados forjó ciudades, intercambios culturales  y mantuvo abierta una vía, como la del Camino Francés, con unas enormes singularidades que invitan a repetir, sin ser necesario un plus de fe, vivencias en estos espacios. Aquí pretendemos narrar el por qué, el cómo y el para qué de una experiencia propia de dos lanzaroteños que no buscaban al Señor, ni a Santiago ni a su caballo blanco pero en ciertas jornadas maratonianas imploraban ayuda, "aunque sólo sea para salvar los pies"

Era una cena sencilla. Apenas una sopa de garbanzos y unos pequeños trozos de carne al horno. Lo suficiente para saciar las ganas de comer y cargar energías para la caminata de mañana. En cambio, fue una velada extraordinaria. Me impactó. Era la primera vez que estaba compartiendo comida, anécdotas y risas con doce personas de lo más variadas y procedencias distintas. Todas extranjeras, a excepción de mi compañero de esta aventura, José Alberto Reyes, y con profesiones y talentos distintos.  Estaban los dos canadienses, padre e hija, profesor y pilota de helicópteros y, a su lado, la pareja australiana. Enfrente de mí, estaban los tres brasileños, dos magistrados de aquel país y un empresario, y a un lado tenía a la pareja italiana, bicigrinos, que no dejaban de presumir con los brasileños de gran selección. Al final, tuve que preguntarle por el resultado del enfrentamiento de Italia -España. Los brasileños rieron con ganas.  La mujer mayor, sudafricana, y el joven neozelandés preferían conversar entre ellos mientas rodara la pelota en la mesa. Las risas, los chascarrillos y el entusiasmo por compartir un rato agradable permitió superar las diferencias idiomáticas, culturales y de todo tipo.

  • Escrito por Manuel García Déniz