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EDITORIAL Un año clave, ¿un año perdido?

Lanzarote tiene la oportunidad de hacer realidad este año muchos de los proyectos que se venían pidiendo desde hace mucho tiempo. Centros de Enseñanza, de Salud, puertos, infraestructuras de todo tipo, en todos los municipios, cuentan con financiación suficiente proveniente de los propios presupuestos locales pero, sobre todo, de los planes inversores regionales que están en marcha en todo el archipiélago. Se tiene una oportunidad de hacer realidad ese salto cualitativo que se ha venido demandando y para el que se ha pedido recursos durante mucho tiempo sin éxito. Ahora, esas obras, entre las que se incluyen las del principio del cambio de modelo energético, con la puesta en marcha de espectaculares y altamente rentables aerogeneradores públicos, están definidas y cuentan con la financiación.

Hasta hace unos meses, el riesgo era que las administraciones no tuvieran la capacidad técnica suficiente y las oficinas técnicas se convirtieran en un cuello de botella que impidiera la adecuada ejecución. Ahora, además, la especulación política pura y dura rivaliza con las deficiencias técnicas para convertirse en la principal causa del entorpecimiento de la realización de las mismas.

Sorprende que quienes se presentan para resolver los problemas de la isla, que articulan sus campañas alrededor de la solución de los problemas de los ciudadanos, obvien esa realidad para anteponer sus intereses políticos y electorales por encima de todo. Es un ejemplo de maquiavelismo que anida la política y destruye la confianza de los ciudadanos.

Hay espacio suficiente para respetar los derechos de los ciudadanos y rivalizar los políticos por sus sillones en un año preelectoral. Si no se alcanza un pacto para salvar la isla, y su desarrollo, de las inquinas personales y resultismo electoral, mal vamos. Seguro que todos lo agradeceríamos y más ciudadanos irían a votar si se alcanza un consenso en ese sentido. Por el momento, la duda es muy grande. Y no se puede permitir que año tras año se pierdan millones y millones por un debate endogámico político que no supera el mínimo nivel de responsabilidad pública. Que sea lo que sea, que gobierne uno u otro, pero que se acabe con la indefinición que atenaza esta isla. Cualquier otra cosa no es sino una muestra de irresponsabilidad y de nepotismo.

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