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EDITORIAL  Un curso político estratégico para el futuro de la isla

La próxima semana, cuando acaben las fiestas de Los Dolores, se dará por finalizado el  periodo estival y comienza el primer curso político de este mandado 2019-2023. Quizás sea el más importante porque, alejados de la próxima cita electoral local, los gobiernos de los siete ayuntamientos y el Cabildo pueden ponerse a trabajar sin atender excesivamente al clientelismo que exigen los comicios y al que se entregan los políticos con pasión fervorosa, como si en ello les fuera el sueldo y sus privilegios.

En estos tres meses, pasadas las elecciones locales y pactos  que han definido el nuevo mapa de la isla, los políticos han estado configurando los equipos de trabajo, acercando posturas los que gobiernan en grupo y armando sus ataques aquellos que ahora están en la oposición y que antes estuvieron en el poder o que repiten en la tarea de fiscalizar a los  correspondientes gobernantes. Al mismo tiempo, entre nombramientos varios y muchas fotos, algunos y algunas han alternado la actividad institucional con breves periodos de vacaciones, casi a escondidas, por aquello “del qué dirán”,  que ya llegaron, se subieron los sueldos y se fueron a descansar. También ha habido tiempo para que los principales protagonistas del pacto de los extremos, PP y PSOE, vivan su primera crisis con Arrecife de telón de fondo, en un capítulo que tiene todos los ingredientes de la política insular de los últimos tiempos.

La situación política actual en la isla, principalmente en su capital y el gobierno insular, está marcada por ese pacto entre izquierda y derecha que pone en el gobierno al PP y al PSOE, rivales históricos, ideológicamente opuestos,  y en la oposición también a dos partidos encontrados en sus planteamientos y enfrentados en su relación institucional que tendrán que buscar puentes para actuar de forma conjunta para ganar en eficacia opositora. La actitud de ambos partidos en la crisis por los gastos de las fiestas  San Ginés parece que va en el sentido de cooperación estratégica, sin perder cada uno su posición: los nacionalistas atacan desde el centro derecha, con el PSOE como principal objetivo, y Lanzarote en Pie Podemos  desde la izquierda a todo lo que se mueva. Ambos también sienten en sus carnes que han sido abandonados en la oposición por sus aliados naturales que tuvieron un ataque de amor repentino que les ha llevado a estar gobernando juntos, a pesar de las teóricas diferencias “insalvables”, que tanto unos como otros han pregonado campaña tras campaña.

En el resto de la isla, con José Juan Cruz de alcalde de vuelta a la Alcaldía de Tías con un tripartito y la llegada a la de Haría del también socialista Alfredo Villalba, pactando sorpresivamente con CC y dejando fuera a la PMH de Pepe Torres, como grandes novedades, todo está a la espera de cómo se cosen nuevas costuras con los nuevos gobiernos de Canarias y del Cabildo, después de tantos años de mandato nacionalista en ambas instituciones.  En el caso de Teguise, con Oswaldo Betancort; Tinajo, con Jesús Machín, y  San Bartolomé , con Alexis Tejera, que tienen mayorías absolutas, y Oscar Noda, en Yaiza, las cosas suenan más reconocibles. Vienen gobernando, ellos o sus partidos, desde hace tiempo y su gestión no tiene si no que adecuarse a los nuevos tiempos de este mandato porque ya tienen una hoja de ruta marcada.

El principal reto de este año, y por eso su importancia, es  definir los nuevos objetivos y los instrumentos para conseguirlos. Para ello es muy importante dotarse de los equipos necesarios y de la mentalidad de que los políticos, al margen de sus beneficios personales, están obligados a liderar un proyecto de isla en el que quepan todos los habitantes, con sus respectivas administraciones locales y aspiraciones sociales. Y eso solo se consigue desde el consenso institucional, entre Cabildo y ayuntamientos, y el respaldo del Gobierno de Canarias en aquellas áreas que sean de su competencia.

Este curso político marcará el resto del mandato. Si se prefiere apostar por el revanchismo y el navajeo, en lugar de buscar acuerdos y no  dañar las expectativas de la isla en absurdas batallas propias de patio de recreo, estos cuatros años no serán más que tiempo perdido y recursos perdidos, donde los únicos que ganan son los políticos, anteponiendo sus intereses personales y de partido al interés general y la programación y planificación de la isla. Lanzarote bien se merece un esfuerzo. No es suficiente con la retórica utilización del mensaje de César Manrique sino no se pone el más mínimo interés en aunar esfuerzos y desplegar medios para que se puedan llevar a cabo sus enseñanzas y eslóganes.  Ya sobran los voceros institucionales o los buenos predicadores. Ya hay que pasar de la eterna reflexión y el muñido debate a la acción comprometida con la gestión eficiente. No hace falta que nos lo cuenten más. ¡Háganlo!

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