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Queridos Reyes

No sé si será ya demasiado tarde para escribirles. Ya sé que estuvieron anoche de gira por todas las ciudades del mundo, llevando regalos, tirando caramelos e ilusionando a un montón de niños que todavía no saben lo dura que es la vida y lo floja que es la infancia.

Sé también que las peticiones hay que hacerlas en tiempo y forma para después no tener problemas con la justicia. Aclaro que no tengo voluntad alguna de provocarles un lío y que acaben ustedes como el catalán Oriol (aunque, claro, ese es republicano), que entró en la cárcel casi sin darse cuenta y que hora no encuentra la salida por muchas vueltas que le dé a la cosa judicial. Pero, me imagino, que reyes como ustedes, magos y omnipresentes, que lo mismo se les ve en Vallecas con carroza arco iris  incluida que en Lanzarote entre piedras volcánicas, no tendrán mucho problema para darme un regalo cada uno, que no necesita materia física ni transporte, aunque sí un montón de materia gris.

Les quiero pedir, Sus Majestades, primero, que no confundan esta carta con la otra que sí mandé en tiempo y forma. En la que pedía para mí un montón de cositas, que todo no va a ser comprar yo en nombre de ustedes. Aclarado este asunto, y salvada mi parte del roscón de Reyes, voy directo al grano que estarán ustedes todavía liados con los camellos, pajes y demás acompañantes de ustedes.

En segundo lugar,  Melchor, Gaspar y Baltasar ( ¿trío real o imaginario?), les pido, por favor, que iluminen a las administraciones locales de esta isla para que, ya que no les gusta mucho poner a la gente nacida en esta tierra en los gabinetes de prensa, por lo menos respeten en sus comunicados nuestra forma de hablar y escribir. Que no tenemos nada, Majestades, en contra del castellano puro, pero es que no hay nada más puro que lo de uno mismo. Y que, además, las administraciones están obligadas a colaborar a mantener nuestros valores intangibles, nuestra cultura y nuestra habla. Lo mismo quiero que hagan ustedes en esa Península, que sigan hablando como ellos lo hacen allí y también aquí. Pero que no quieran convertir su lengua, en nuestra lengua: sus localismos en nuestros referentes del español que no hablamos. Es fácil, Melchor. Ilumíneme a mi gente, que no caigan en la aculturación más tonta por querer ser cultos siendo idiotas. Que los chinos sigan hablando chino; los andaluces, con su acento andaluz, los vascos, euskera; y los gallegos lo que ellos quieran. Aquí y allí, repito. Pero que sepan ellos y sepamos, sobre todo, nosotros que no sólo no es mejor hablar como ellos sino que es dejarles a ellos la oportunidad de imponernos a nosotros, una vez más, sus cosas por encima de las nuestras.  

A usted, Gaspar, le pido que los adoquines de mi isla sean como los de otros lugares del mundo. El habla, no, pero los adoquines, sí. Que no es posible que salga fuera de la isla y me den ganas de besar los adoquines, de sacarme un selfie con los adoquines o llevarme alguno en el bolsillo como recuerdo. Le explico, Gaspar. En Lanzarote, los políticos, sí los mismos que no saben cómo tienen que hablar para que no se les note lo burros que son, en lugar de poner adoquines de verdad en las calles peatonales, esos que son piedras tratadas que duran casi toda la vida, ponen aglomerados que en unos días  ya empiezan a descascarillarse como si fueran frutos secos. Se rompen, se salen, se deshacen y no aguantan la mínima erosión, ya sea humana, mecánica o natural. Y, lejos de reducir su uso, los ponen en todos lados. Lo mismo da que sea un paseo peatonal, que una vía ciclista, o una plaza pública. Tanto es así, que muchos aquí piensan (que pensar sí lo seguimos haciendo en canario) que ustedes, los Reyes, le dejaron una maquinita de esas de hacer adoquines con aglomerados a algún político, familiar de este o amigo y que ahora la están queriendo rentabilizar a base de bien. Pues eso, Gaspar, era mi petición para usted, que ya sé que es tarde y que está usted ya desensillando el camello, pero sí le pudo traer a estos frescos una fábrica tan generosa para ellos y tan maligna para el pueblo me imagino que tarde usted menos en concederme el deseo que su camello en beberse otro balde de agua.

Y, por último, Baltasar, a usted, le pido que les traiga a los mismos que Melchor les traerá un poquito más de respeto para el habla canaria y Gaspar la voluntad para poner adoquines de verdad en nuestras calles y no aglomerados de quita y pon, un poquito de visión panorámica. Que cuando viajen y salgan de los buenos restaurantes que les pagamos con el dinero de nuestros impuestos para volver a los mejores hoteles que le sufragamos del erario público, le echen un vistazo a los carriles bici de esas urbes europeas antes de acomodarse en limusinas o taxis.

Que se den cuenta que no hace falta llenar la ciudad de adoquines, que además son fatales para las bicis, patines, patinetas ( sólo son buenos para la fábrica del amigo, pariente o familiar), ni de obras faraónicas, ni grandes cambios normativos ni leche machanga para facilitar que las bicicletas rueden por las ciudades con normalidad y seguridad. Que basta con señalizar el carril sobre el asfalto, las aceras o plazas. Y ya está. Pero es que así están en Londres, Madrid, Gijón, Berlín y en cualquier ciudad que quiera potenciar otros modos de vida más saludables y menos contaminantes. Sólo eso, Baltasar.

Que en lugar de estar todo el día pensando cómo sacar una gran obra, que parece que tuvieran comisión en las mismas, se dediquen a pintar el suelo y a señalizar, también los pasos de bici al lado de los peatonales en los semáforos. Que muchos creen que pueden ir por los peatonales montados en la bici, sin caer en la cuenta que la condición se pierde desde que circulas encima de otra cosa. Vamos, que hay que ir a pie, con la bici al lado, para cruzar un paso de peatón.

Como pueden ver Su Majestades, apenas he pedido nada. Y todo de uso general. Sin más intención que colaborar en construir una ciudad, una isla, más amable y duradera. Pero desde ya. Y si Sus Majestades pueden echar una mano, mejor que mejor. Además, apenas he pedido unas piedras de verdad, una señalización sobre las vías, y un respeto por nuestra forma de hablar. Poca cosa, a simple vista. Pero tal como está el paño político en esta Lanzarote nuestra, sin la ayuda de ustedes tres, históricas Majestades, creo que no hay nada que hacer.

¡Felices Reyes a todos! Y si están de acuerdo con estas peticiones, adherirse a ellas es gratis y muy rentable también para todos.    

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