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Estimado Héctor (II)

En primer lugar, pedirle perdón por la tardanza en hacer efectiva mi promesa de respuesta. Pero entenderá usted que no está el tiempo para pachangas de tercera división. No lo digo solo por este frío, viento y tormentas que me ponen los pelos de punta ( los de las piernas, que en la cabeza ya sabe usted que solo tengo neuronas), sino también por los acontecimientos políticos insulares que me entretienen sobremanera. Ya sabe, el Cabildo que barrunta inestabilidad, el Ayuntamiento de Arrecife que no arranca, el TSJC que condena a Gladys y todas esas cosas que a su ego le parecerán de segundo nivel comparadas con las que usted atiende a diario pero los lectores son un tanto distinto. O no tanto, que ya sé que tiene usted buen gusto en sus lecturas, como reconocía de forma valiente y sincera en ¿su cosa mecanografiada?, bueno, dejémoslo en aproximación de artículo.

Sinceramente, al revés que a usted, lo digo por lo que tarda en tomar decisiones en contra de lo que considera tan grave para su prestigio personal y profesional, a mí el paso del tiempo me da tranquilidad y objetividad y me hace encauzar mis neuras hacia posiciones más sosegadas. Intento no escribir en mi propia defensa. Lo intento, no siempre lo consigo. Pero, además, cuando se me quiere desacreditar con mentiras por decir verdades no lo acepto. Y, claro, me dan más ganas de decir más verdades y que el que miente se avenga a estos buenos propósitos.

En este sentido, debo reconocerle que algunas personas cercanas a usted han venido a mí a decirme, a defenderle, y recalcar que usted no quiso decir lo que yo entendí. Que nadie sabe mejor que usted que yo no he visitado nunca su oficina, ni le he pedido nunca un euro ni le he hecho oferta alguna de nada. Y que la relación de este periódico en este último lustro con esa SPEL que usted dirige, tan a su manera, se ha reducido a poner un anuncio de 107 euros de que no sé qué publicidad, que hizo llegar su asesora de prensa, Gloria Artiles, previa llamada para saber el precio del banner, porque ni tan siquiera yo les había hecho llegar nunca ni las tarifas. Me dice esa persona, que por lo visto es amigo suyo y amigo mío, un tío raro ese para tener en su espectro de amistades gente tan distinta a la vez, que usted escribió eso en su manifiesta incapacidad para justificar lo que creía un despropósito. Que ante tanta amargura, confundió inducción con deducción e imputóme a mí lo que hace usted con otros amigos periodistas a los que usted financia medios y charangas. En fin,  excusas, ¿o disculpas?

Estimado Héctor, yo le dije que no sé si se lo habrá dicho a usted, que yo no he leído nada de eso en ningún lado. Que si siente casi más congoja por lo que escribió y mandó a todos los medios menos a este no es por ser una buena persona sino por esa personalidad que tienen algunos de creer que el disparar primero garantiza matar al otro. Y eso, estimadísimo Héctor, es una gran mentira. En esto del escribir, las balas son de papel o virtuales y no matan. Si acaso, hacen reír a algunos y cabrear a otros. Pero no es nada definitivo. Al día siguiente, o dos segundos después, el otro está en disposición de volver a disparar. Y si es un profesional, si dedica su tiempo y su jornal a este menester, hasta lo ve como un favor no perder tiempo en buscar tema en otro lado o sobre otra cosa.

Es cierto, se lo reconozco, que algunos han mediado por usted. De baja y gran altura. Con mucho y con poco poder, pero con igual resultado. Mis cosas las decido yo. Ha sido siempre así. Y en Lanzarote, ya lo saben muchos. Yo, al revés que muchos aquí, no busco señor al que servir sino financiación para ser libre, para disparar cuando yo lo decido, marcando mis pautas y mis tiempos. Le reconozco que lo hago por egoísmo, soy feliz siendo libre, sintiéndome libre, aunque a veces llegue a estar con dificultades para atender pagos y sin ninguna posibilidad de tener una redacción de las dimensiones que tienen otros. Pero ya me lo dijo mi padre: "ves más mundo desde tu propia chalana que desde las bodegas del mejor transatlántico". Y en eso estamos, queridísimo Héctor.

En cambio, también le debo decir que si la pachanga se celebrara en el pabellón de Tías, tendríamos aforo completo con los muchos compañeros del Cabildo que no le pueden ver a usted ni en pintura. Hasta el extremo que cuando paso por allí, unos cuantos me  hacen hasta la "ola", además de darme los buenos días y desearme suerte en la pachanga. Pero, además, están los que me hacen llegar información de sus cosas, de aquellas que entienden que usted hace mal, para que las aproveche para la esperada pachanga. Unos hablan de no sé qué problemas de incompatibilidades, otros que si aquella y la otra factura, los de más allá que si paga la SPEL o el Patronato, o las razones por las que los cuatro o cinco buenos profesionales que tenía la promoción turística han tenido que acabar en otras áreas del Cabildo. En fin, ya sabe usted que los enemigos y los amigos suelen salir del mismo lado  e ir al mismo sitio, pero, eso sí, con diferentes intenciones.

Pero, no tema, si hago poco caso a sus amigos y sus buenas intenciones para usted, menos caso hago a los otros. Pero, eso sí, oigo a las dos partes. Las fuentes, aún contaminadas, son aprovechables. Sólo hace falta tener los filtros adecuados y saber qué corresponde a la realidad analizable y qué a la elucubración del enemigo que lo será por algo que se escapa a mí interés. Esas cosas son así.

Bueno,  le dejo, que seguro que tendrá mucho trabajo practicando anglicismos. Si le queda algo de tiempo, repase también el manual de oferta y demanda turísticas en mercados competitivos. ¡Nunca se sabe lo que puede uno necesitar en estos chollos que da la administración amiga y cercana!

Hasta la pachanga, un amistoso saludo.

¡Good morning!

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