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¿Y yo adónde voy?

¡Comienza el baile! (XIV)

El año antes de los comicios electorales es como una primavera alargada. Todos esos petardos que hemos estado aguantando durante tres años, ya fueran cactus o ratonera ( es una hierba que se caracteriza por su capacidad de adherencia y ser desagradable al tacto), se manifiestan como esplendorosas y aromáticas flores de jardín. Completamente abiertas, con el pistilo más insaciable y fértil que nunca, se aproximan en busca de la bendición electoral a todo bicho viviente. Cuestión que me confirma que soy bicho viviente.

Por la suerte o desgracia que me toca, por dedicar mi tiempo y entusiasmo a escribir de la cosa política, a veces pública y privada. Pública es porque los dineros para mantener al rebaño político salen del ordeño tributario de todos los ciudadanos, pero también es privada por no pierden ocasión de privarnos de todo lo que antes no prometen. Pero ahora estamos en periodo de vender. Unos venden lo que han hecho, los que están gobernando; y todos, gobiernen o no, promesas varias. Pero, sobre todo, en estos momentos previos a la conformación de las listas por parte de los partidos políticos, que son, en definitiva, quienes preparan esas mezclas intragables que son las candidaturas, que después los electores elegimos como si fuera un menú de un bar de carretera ( que, como las lentejas, te las comas o las dejas, pero más allá sólo está la abstención), todos los políticos están corriendo de un lado para otro intentando encontrar el echadero público. Están todos soliviantados. Y desde que te despistas un poco, se te vienen arriba con tanto descaro como temor. "¿Adónde crees tú que debo ir yo?", me preguntan  todos, de distinta forma, pero con idéntico objetivo.

"¡Vete para tu casa, muchacho!", les suelo decir medio en broma, medio en serio, a la mayoría. Y, entonces, aparece la visible reacción vagal: risa nerviosa, sudor frío, temblores de manos y angustia a flor de piel. No falla. Y si quieres que empeore el enfermo político, con mono de cargo, apunta un nombre de un compañero de partido suyo para el cargo que él pretende. Entonces, ya conocerás todos los defectos de aquel, incluida una lista de incompatibilidades y su baja valoración, según las encuestas que sólo existen en la mente del susodicho. Y también la mala leche del que se aproximó como un santo varón.

El nerviosismo de los políticos en esta época es contagioso. Y se lo pegan, claro, como todos los virus, a la gente que se mueve con ellos y que depende de ellos. Solo se escapan de esta situación los que verdaderamente tienen mando en plaza, presidentes y secretarios generales de partidos, sin necesidad de hacer primarias y cosas parecidas. A esos les entra la descomposición en plena campaña, porque hasta ahí lo tienen todo seguro, tan seguro como que depende todo de ellos y su agradecidos adláteres, de los que algunos caerán en lista con cargo, y otros tendrán que seguir con las cargas y calladitos porque esperan el premio cuando los otros consigan el puestito del que tirar de él.

En estas elecciones próximas,  los nervios son dobles. Y ya hay muchos que nos duermen, a pesar de que todo apunta a que antes de septiembre no se decidirá nada en ningún partido. Aunque los más experimentados ya saben que cuando se va a decidir ya es tarde apuntarse. Que todo está amarrado, y muy amarrado, antes de las asambleas, consejos y comités. La cuestión es que, al estrecharse la diferencia entre los partidos tradicionales y los emergentes, agravado con la apariencia de otros nuevos locales, muchos de los que están se quedarán sin cargo por simple reducción de actas conquistadas y otros que aspiran a ellas tendrán que afinar bien. Por ejemplo, si el PSOE te ofrece ir en el puesto cinco o seis al Cabildo, ya Loli Corujo no está contando contigo. En Arrecife, todo lo que ofrezca cualquier partido por encima del cuarto concejal de una lista es un brindis al sol, al igual que cualquier propuesta para colocar a uno por encima del número dos en una candidatura, cualquiera, al Parlamento de Canarias. Entonces, claro, que significa eso de dobletes de algunos, por ejemplo, en CC. ¿Si Oswaldo consigue ir al Parlamento, haciendo doblete, qué pasa con David de la Hoz y Migdalia Machín, porque lo de Marci Acuña ya se da por perdido? ¿Van a otro lado para hacer doblete y exigir el sacrificio de allí por seguir aquí?

¿Loli mete a Pepe Juan entre los cuatro primeros sabiendo que ya no aporta nada y encima sirve de poco en el gobierno y de menos el Oposición? ¿O Pepe Juan se ofrece al doblete para ir a Tías a darle el placer a Pancho de sacar mayoría absoluta e ir al Cabildo?  ¿Y Astrid va al Cabildo o al Ayuntamiento a rematar su faena en la capital sin rumbo que es Arrecife? ¿Pero hace doblete también al Parlamento como quiere hacer también Gladys Acuña, que estaba convencida de que va abrir un boquete bueno en el centro derecha de Lanzarote? ¿En Yaiza,  CC va a presentar un buen candidato para mejorar sus resultados frente a un UPY más flojo sin Gladys y con un Noda inexperto, para marcarle el camino del centro derecha y nacionalista a la hasta ayer alcaldesa de Yaiza? ¿En San Bartolomé, quien se arriesga a ir por encima de cinco en la lista del PSOE? ¿Los de Somos seguirán siendo o acabarán acabados? ¿ Leti quiere seguir intentando ser alcaldesa o se embarca al Cabildo con las Del Río? Muchas ecuaciones por resolver. Por el momento, habrá que ir esperando las reacciones de todos y llevar bien ese nerviosismo contagioso que recorre las sedes de los partidos de forma tan contagiosa.

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