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Zona minada: prohibido pensar

Eso es lo que hay (Elecciones locales) (XXIX)

El intenso ajetreo de los tambores de guerra lo altera todo. Minuto a minuto, las zonas más cercanas son sometidas a controles más exigentes de sofisticados escáner, que son tan eficaces como invisibles. Estamos en plena negociación, a una semana del gran día de la constitución de los ayuntamientos y cualquier cosa puede pasar. Incluso lo que no queremos que pase: que los nuestros se queden sin sueldo,  prebendas  y coche oficial. Y sin la posibilidad de echarnos una mano al resto de los mortales.

 Amigos, familiares y demás conocidos piden una oración por el eterno enchufe de nuestros señores de la guerra política. Ave, María Purísima, sin pecado concebida y engendrada en la gracia del Señor. Ave, María Purísima, que engendraste a Jesucristo, en la fuerza del Espíritu de Dios. No permitas que se caiga mi ángel protector, permítale la victoria en toda la negociación, sálvale de los enemigos que no tienen corazón y se quieren quedar con la administración. Ave María Purísima, ¿apuesto por Echedey? ¿Por Astrid? ¿Por Pedro? ¿Por Dolores? ¿Por quién, por favor? ¡Qué dolor!

El nerviosismo se masca en cualquier esquina. Estamos en el momento procesal  del intercambio de propuestas, del cruce de trincheras, de las amenazas veladas, y no tan veladas, y de los llantos frenéticos e histéricos, en la intimidad de los más cercanos. Yo te amenazo, tú me amenazas, nosotros nos amenazamos, ustedes se amenazan, y nos amenazan a nosotros, y nosotros les amenazamos a ustedes. La amenaza a todos los niveles es un paso imprescindible en la negociación. Se amenaza a los compañeros: “Como ustedes me jodan esta negociación, ya pueden ir olvidándose de esto y aquello, incluidos los pluses de tu mujer, hermano o primo en la administración aquella que seguiré yo controlando”.  Se amenaza a los del partido amigo que se resiste a pactar sin nada a cambio: “Como no firmes, como no firmes, como no firmes… jú, jú, jú… Cómo no firmes con nosotros hago público aquello y lo otro, te echo en contra a la gente de tu partido que he estado manteniendo, te hundo en la miseria, te, te, te…”. Se amenaza a los periodistas y creadores de opinión: “Ya puedes ir buscándote otro trabajo, ya puedes ir agenciándote un plan de pensiones porque estos cuatro años no vas a facturar un duro con esta o aquella administración. Y sabes que al final saldremos victoriosos, que lo que dices no son sino sandeces, y nos estás haciendo mucho daño. Estás vendido, vendido y requetevendido al enemigo. Estás loco, queriendo decir la verdad ahora, intentando surfear por la zona minada como si fuera el parque de los pinos a las tres de la tarde. Estás loco, y lo que es peor, hundido. Sigue así, sigue  así, pero vete almacenando botes de leche condensada y agua que vienen curvas”.  Estamos en la última semana de las negociaciones, máxima exigencia. Se prohíbe sacar al perro de paseo, cualquier defecación será multada de por vida.

Puede parecer exagerado. Si realmente lo cree: es que está suficientemente alejado/a de la zona de conflicto, que está fuera de la zona minada. Aunque no lo crea, en esta islita, en sede de partido, se han visto a dos mujeres al borde de un ataque de nervios a punto de cruzar la frontera de la no violencia. También, en otro, entre militantes “jurarse” odio eterno por no coincidir en la orientación de los pactos propuestos. Lo hay, también, que recuenta en número de familiares que ha conseguido meter en una misma administración al más puro estilo de E.T.: “mi yerno, mi sobrina, el oficial y lo de más allá”. También hay abrazos calientes, besos fríos y caricias amenazantes. Parece cosa de película, pero es cosa de política. Solamente se salvan, estando dentro de la zona de guerra, de la parte más minada, los amigos incondicionales, los que están dispuestos a matar a su líder a base de piropos y de repetir hasta la saciedad sus ideas fuerza: “¿Qué están equivocadas?  ¡Esa no es mi culpa! Yo simplemente soy el lorito que repite lo que mi señor quiere oír. Para convencerlo de que está equivocado, para eso está la legión de mercenarios, asesores y gente de malvivir que disfrutan llevándole la contraria a los poderosos y que creen siempre que tienen la respuesta, aunque nadie les haya hecho pregunta alguna!”.  Y ahí se quedan, al soco, ajenos a que se les viene arriba el sombrajo y subsiguientes.

Ahora, a estas alturas de la negociación, está prohibido pensar. Nadie quiere que le lleven la contraria, que le den opciones. La estrategia ya está en el carril  y lo único que se pide es más carbón para que prospere firme y arrolladora. Cualquier opinión distinta, se considera un conato de sabotaje, una intentona de hacer descarrilar ese tren de la esperanza llamado “Gobierno de Arrecife” o “Gobierno del Cabildo”. Está prohibido pensar, solo se pide reproducir el mantra. No importa que sepas que no hay vías, o que el tren está a punto de explotar,  o que van en dirección contraria, o proa al marisco, ya solo se escuchan a sí mismos. Ya solo queda replegarte o morir en el páramo. Ya está prohibido pensar, escribir cualquier cosa ajena a la estrategia o poner en duda la eficacia del jefe. Si es así, estás muerto. Te has quedado en tierra de nadie. Y sabiéndolo, no sé por qué me produce esta sensación entre la euforia y el miedo creativo cuando veo al resto de la parroquia metido en su papel de cruzados de sus amos.

Está todo minado. No se puede pensar. Habrá entonces que hacer un esfuerzo mayor. Todo menos alistarse en el ejército zombi que cogerán las calles, medios de comunicación y salas y antesalas de sedes electorales y administraciones públicas hasta el mismo momento, hasta las 11:00 horas del sábado 15 de junio, cuando empiecen a jurar sus cargos los 125 concejales electos en Lanzarote en los siete ayuntamientos de la isla. Pero, aparte de que familiares y amigos estarán pendientes de sus ediles cercanos, allí donde quiera que hayan sacado su representación, todas las miradas estarán puestas en el Ayuntamiento de Arrecife y sus 25 concejales y todos los pensamientos en lo que pasará en el Cabildo a razón de estos pactos cercanos. Seguiremos pensando, antes, durante y después. El fuerte olor a pólvora es un estimulante, incluso para combatir a aquellos que no se privan ni de hacer llegar sus quejas ni sus amenazas.  

Dicho queda. Ave María Purísima…

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