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Dimas, el sueño y la pesadilla

Eso es lo que hay (Elecciones locales) (XXX)

Cuando estamos en medio del desenlace del nudo gordiano de los pactos postelectorales lanzaroteños, llegó el general  y mandó a parar. Como quien no quiere la cosa, Dimas Martín desliza sus “reflexiones sobre las pasadas elecciones autonómicas y locales” para dejarnos en el aire, y en los digitales, unas cuantas perlas suyas.

En primer lugar, y como siempre, muestra su extrañeza de estar preso, a pesar de que por una u otra causa, más que cosa, lleva así desde principios de los años 90, más de 25 años de peregrinaje carcelario, lleno de vicisitudes  variopintas, no exentas de polémica ni escándalo. También deja claro que cómo él no hay ni habrá un político más en Lanzarote. Lo que no especifica es si lo dice para que durmamos tranquilos o para satisfacer su ego de hombre septuagenario que lo fue todo en Lanzarote, con un respaldo popular excepcional y casi milagroso.  Por eso “le manda” a base de bien a Oswaldo Betancort y Pedro San Ginés, que ocupan cargos que fueron suyos y seguro que él entiende que deberían seguir siéndolos, a los que trata de “don”, me imagino que para ser tratado de la misma manera por ellos.

En su escrito, aparecido en el domingo de pasión que viven los tres principales partidos de la isla, enredados en unos pactos que buscan más la estabilidad de ellos que del Ayuntamiento de Arrecife y el Cabildo de Lanzarote, de los que hoy lunes, cinco días antes del sábado en el que tomen posesión de sus cargos los concejales electos, deberíamos de saber ya algo, parece que busca influir en ese desenlace o dar a entender que algo ha podido o podría hacer.

 La cita, al más puro estilo Dimas, genuino hasta el final, de su encuentro en la cárcel con Eva de Anta en plena campaña electoral, es toda una declaración de intenciones en los tiempos en los que ola roja ha dejado bien colocado al PSOE en todo el Estado español, incluido el gobierno central, que tantas manitas le echó a él cuando los socialistas necesitaron de sus cargos públicos para gobernar y el buscaba terceros grados, indultos y más favores de preso errante. Está claro que no son estos tiempos buenos ni para repetir aquellas jugadas ni para el PIL, que ahora es de todos pero no es de nadie. 

No dijo nada, en cambio, Dimas, una de las pocas personas que conoce toda Lanzarote con solo mentar el nombre de pila, de que Eva estuvo allí acompañada  por el ínclito Tomás Fajardo, ayer compañero de él y hoy mano derecha ( e insularista) de una socialista Eva que se estalló electoralmente irremediablemente. Por eso no dijo si Tomás fue a buscar su bendición para pedir el voto del PIL para la lista de Eva, ni siquiera si le pidió a él que lo dijera también, o simplemente fue una casualidad de que se encontraran en una visita institucional de la alcaldesa y su “concejal escoba” al Centro Penitenciario.

Dimas, lo sabemos todos, es un genio. Con dificultades para saber diferenciar, a veces, lo público de lo privado, lo mío de lo de todos, pero un genio al fin y al cabo. Y como político, supo aprovechar al máximo las carencias y potencialidades del Lanzarote de los años Ochenta del siglo pasado para colocarse como líder inigualable de la sociedad lanzaroteña. Es verdad que de eso ha pasado a ser el preso más popular y longevo de la isla, sin fecha clara de redención total a sus más de 70 años de edad, y que el mérito que se la da ahora es la entereza con la que lleva su pena sinfín, que muy pocos hombres habrían aguantado durante casi treinta años y sigue.

Su salida a la palestra, aparte de atender los ecos de su ego, seguro que tiene un fin, aunque solo sea en su mente de hombre pensante/ inquietante.

Y a los que no convence ni con sus palabras ni con sus numerosas obras pasadas, ya les promete libro completo con sus memorias y denuncias. Se titula “La Verdad”, ¿de qué otra manera si no se iba a titular? Dimas, hombre y figura, siempre, es una referencia inevitable en unas elecciones locales, donde, sin lugar a dudas, fue el rey, el “puto amo”. Aunque hoy pasee sin rumbo en su laberinto carcelario, entre “La Verdad” y su sueño de ser libre y amo de Lanzarote de nuevo.

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