PUBLICIDAD

Jerónimo

La muerte de Jerónimo Saavedra Acevedo (1936-1923), a los 87 años de edad, en su isla natal, en la que fue alcalde de su capital, nos pone ante la obligación, queramos o no, de reconocer la obra y figura de un político clave en la reciente historia de Canarias. Fue el primer presidente del Gobierno de Canarias (1983-1987) con lo que se llamó “Pacto del Progreso”, en el que se sumó al PSOE que él lideraba el apoyo de la izquierda parlamentaria. Volvió a ser presidente en 1991, hasta 1993, con el apoyo de las AIC, que incluía al PIL del propio Dimas Martín, que no tardaron mucho tiempo en darle la espalda para quedarse todo el gobierno, del que salió la actual Coalición Canaria, de la que se desgajó después Nueva Canarias.

Jerónimo ha estado siempre en el centro de todo lo político en Canarias. Quizás fuera el único político de verdad. Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y reconocido melómano, fue socialista desde muy pronto y hasta sus últimos días. El PSOE, del que fue secretario general en Canarias, todo el tiempo que quiso y algunos días más, era su casa, su cuartel general y su juguete más preciado. Movía los hilos del partido con tanta sutiliza y habilidad que los desplazados por necesidad de la ocasión pasaban el duelo de la pérdida de su cargo meses después, cuando caían en la cuenta de cuál había sido la verdadera razón.

Culto, abierto, homosexual, supo sobrevivir al cainismo propio de estas islas por su convencida actitud de seguir adelante y de no alimentar las pirañas propias ni las ajenas con bastardos mensajes ni con guerras sibilinas. Contribuyó con pasión a la transformación de Canarias a todos los niveles. Le interesaba el desarrollo económico, pero no únicamente. Se interesó por la cultura, y no solo como producto de consumo propio y exquisito, que también, y por la educación como valores a desarrollar en las islas. Y apostó también por el entendimiento. Y por el dialogo. Pero sin perder su rumbo socialdemócrata.

En Lanzarote, se le recuerda por muchas cosas. Pero los socialistas con más tiempo en el partido no olvidan sus palabras cuando el PSOE, fruto de su dinámica vida asamblearia de los años ochenta y noventa del siglo pasado, donde los ciudadanos se afiliaban por docenas e iban en “guagua” a las votaciones internas, se tornó renovador. Los que llamaban oficialistas, los Enrique Pérez Parrilla, Segundo Rodríguez, Agustín Torres, amigos personales de él desde hacía mucho tiempo, se dirigían a Jerónimo para que, desde la secretaria general de Canarias, mediara a su favor a la hora de hacer listas y repartir cargos en Lanzarote. La respuesta de Saavedra en los foros privados, a ellos mismos, de los que fue amigo hasta el final, no la conozco. Pero sí que la retumbó en todas las “casas del pueblo” de Lanzarote cuando Agustín Acosta le preguntó por esa circunstancia en su popular programa mañanero.

“Se acabaron las vacas sagradas, don Agustín”. Lo soltó décimas de segundos antes de que la escandalosa carcajada del dueño de Radio Lanzarote lo inundara todo.

“¿Cómooo? ¿ Y entonces, don Jerónimo?”, repreguntó más que emocionado Acosta.

“Que se acabaron las vacas sagradas, que llegan otros tiempos. Y nos tendremos que adaptar todos, yo también”.

Después de eso, él llegó a ser presidente de nuevo con los que otros veían como enemigos, y lo dejaron en la estacada para crear CC, que a veces gobernó con el PSOE y otras con el PP, en estos últimos treinta años. Y ese gobierno del 91, con el apoyo parlamentario de las AIC que presidía Dimas Martín en ese momento, con su PIL dentro, fue la antesala para gobernar en Lanzarote con el PIL también en el mismo año, 1993, que se acabó el idilio entre el PSOE y las AIC, y del PIL con las AIC. Se rompió el amor y surgió otra cosa. Pero eso ya es otra historia.

Jerónimo Saavedra era un gran conversador, un enorme orador y un ilustre encantador de sus propias serpientes de la rosa y puño en alto. Pero también del resto del arco parlamentario y fuera. Ayer y hoy, políticos de todos los partidos suman a sus redes sociales la foto que guardaban en el baúl de los recuerdos al lado del exministro de Educación y Ciencia y de Administraciones Públicas y del ex Defensor del Pueblo (Diputado del Común) y personas de toda índole les imitaban. Eso suele ser muy frecuente con famosos populares pero no con gente tan impopular como los políticos. Y no se debe solo a que la muerte despierta afectos sino a que estamos ante, quizás, el político más influyente y hábil de Canarias, a pesar de que otros han sido presidentes durante más tiempo.

Le conocí como observador político. Tuve la oportunidad de entrevistarle y hablar con él en muchas ocasiones. Pero guardo, con especial cariño, el recuerdo del almuerzo que compartimos hace unos años en un restaurante “Agua Viva”, de Playa Honda, que le gustó mucho. Allí, con Damián Peña como cicerone, que era muy amigo de él, compartimos un rato de conversación y análisis bastante instructivo como colofón de una jornada cultural de la Asociación Canarias en Europa, de la que formábamos parte.

Descanse, en Paz, don Jerónimo Saavedra.

Escribir un comentario

Código de seguridad
Refescar