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La transparencia de Mario Alberto

No soy de los que ponen límites al campo. Tampoco a las aspiraciones de las personas y mucho menos a las capacidades de cada uno y a su derecho a organizarse y manifestarse como le de la real gana. De la forma que quieran, cuando quieran y como quieran. Más o menos como hago yo sin ir más lejos.

 

Por otra parte, no tengo nada contra Mario Alberto ni contra Luis Guirao. A este último lo conozco menos que al primero, aunque me constan muchas de sus filias y fobias. Muchas de ellas no sólo son legítimas sino en algunos casos hasta yo comporto por lógicas. Entre ellas la de sentir repugnancia por la corrupción y los comportamientos no ajustados no sólo a derecho sino tampoco al  mínimo sentido de responsabilidad.

Pero sí lo quiero decir con claridad. Sin tapujos. Me sorprende que estas dos personas sean los portavoces de una asociación, Transparencia Urbanística,  que parecía que provenía de anónimas personas sin trascendencia política y movidas por el conocimiento, a través de la operación Unión, de lo que ha venido pasando en Lanzarote. No es el caso de Mario Alberto Perdomo, ni tampoco el mío. Sabíamos que esto estaba pasando en mayor o menor medida. Sin entrar en cantidades ni personas concretas. Aún así, ha trabajado, mi imagino además que de la mejor forma que sabe, para que su labor fuera útil para esa administración, con contacto directo con los políticos. Despachando con ellos diariamente. Y sorprende que, a pesar de que estaba al lado del “más inteligente y mejor peinado”, según se jactaba de decir, no se enterara de nada. No lo acuso de nada. Ni lo pretendo ni soy nadie para hacerlo. Pero me sorprende.

Además, no entiendo ese afán de acumular instrumentos asociativos para perseguir estos fines. Afiliado al PSOE, columnista habitual, asesor al más alto nivel de sus compañeros de partido, no se explica ese afán de estar y figurar en otras. Salvo que sólo se pretenda politizar una plataforma que se presenta a bombo y platillo como una marea humana que acoge a todos los lanzaroteños y sobrecoge a los corruptos. Y, al final, son los mismos de siempre. Me temo que será como siempre, mirarán para la casa del vecino y se les olvidará barrer la propia. Es una pena, pensaba que realmente iba a ser algo mucho más transparente. Se busca, me temo, más votos, como se hizo en la última campaña  electoral, donde  en busca de la cacareada honestidad, se utilizó a un preso para restarle votos al contrario. Aquella vez consiguieron lo que quisieron: gobernar, gobernar con el preso. Ahora la canción es distinta pero me temo que el objetivo es el mismo.

Que ganas tengo de equivocarme. ¡Que ganas!

 

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