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Diálogo de besugos (Oswaldo versus María Dolores)

 

Hay un aforismo que dice que todas las religiones tienen razón cuando afirman que el Dios de la otra religión no existe. Evidentemente, quien lo propuso se debatía entre ser agnóstico o ateo, pero no tenía la menor duda de que las religiones nacen con el propósito de atender una necesidad humana: creer en algo por muy increíble que sea.  Lo mismo pasa con la política. Hay quienes quieren creer en algo aunque sus dioses paganos ( ¡y bien que cobran!) les den todos los días muestras de que lo que pregonan nada tiene que ver con lo que hacen. Y no solo afecta a los neófitos, a los que no tienen capacidad de discernir, sino también, y mucho más, a los que gracias a esas “creencias” reciben sueldos, contratos y demás prebendas. Alguna ventaja tenía que tener orar y adorar a meros mortales: el cielo ya está aquí. El hedonismo y la vulgaridad acaparan todo el espectro.

Seguí con más pena que pasión el debate entre la expresidenta del Cabildo, la ¿socialista? María Dolores Corujo, expresidenta del Cabildo de Lanzarote, y el ¿nacionalista? Oswaldo Betancort, presidente que la sustituyó por la gracia del 69. Debo decir que ambos tienen razón cuando afirma una que la “isla está saturada” y el otro que está “mal gestionada”. Y ambos se equivocan cuando creen que esto va de aclarar si son podencos o galgos. Ambos se equivocan cuando creen que esto va de leer en un pleno una ristra de acusaciones contra el otro o la otra, preparada por quienes saben menos que ellos cómo gestionar la isla y revertir esta situación. Y ahora se equivoca más Oswaldo Betancort porque, precisamente, le toca a él gestionar la isla. En la situación actual, después de perder su sillón por no saber gestionar la isla, María Dolores Corujo hace bien en denunciar una realidad que es incuestionable en estos momentos: la isla está saturada. Y hace mal Oswaldo Betancort en reconocer que está mal gestionada y no hacer nada para revertir esa situación.

Y es cierto, y nadie lo puede cuestionar, aunque haya muchos dispuestos a vociferar lo contrario por un par de monedas (¡o por muchos billetes!, que los hay de gustos caros). Es difícil que se acabe construyendo un castillo en cuatro años si en los primeros ocho meses no se ponen cimientos de un castillo. Y Oswaldo Betancort lleva ya ocho meses en el gobierno y apenas lleva una política continuista, reforzando exclusivamente los errores llevados a cabo por el PSOE en los cuatro años anteriores. Es imposible que su gestión culmine acabando con la mala gestión. Aunque su propósito sea ocultarlo gastando el dinero público en campañas de imagen, subvenciones a doquier y engatusando a todo el que se deje en sus encuentros de los lunes por la tarde en su despacho. Este gobierno es el nicho ideal para los buscavidas. Conozco a Oswaldo y a su jefa de gabinete Gladys (estoy hasta por pensar que fui yo quien dije que esa era el mejor puesto para ella) como si me hubiera reunido con ellos cientos de veces. Conozco su programa electoral y proclamas como si los hubiera escrito yo mismo. Y conozco igualmente su poca voluntad en ejecutar nada que no sea vivir del cuento todo el tiempo que puedan.  Por eso es fundamental que se den cuenta de que no habrá continuidad, que la fiesta se acaba si no son capaces de cumplir con sus promesas. Si no son capaces de gestionar bien y de mitigar los efectos de una isla saturada que empeora la calidad de vida de los lanzaroteños a los que, además, sumerge en la insostenibilidad y hunde en la incertidumbre.

La gente que desconoce cuáles son las estructuras de los partidos políticos en Lanzarote tienen más fácil creer que hay una maquinaria perfectamente engrasada, con gente cualificada y concienzuda que buscan el bien común. Los que conocemos cómo funcionan las organizaciones políticas insulares, sabemos perfectamente que “el monstruo” que está suelto en Lanzarote desde las elecciones pasadas tiene su principio y su final en dos personas que, unidas por una curiosa amistad y un conjunto de intereses perfectamente descifrables, nombran a amigos, parientes y personas cercanas para cubrir los cargos públicos sin más requisito que esa proximidad (o interés personal). El único objetivo es contentar al resto de la prole, un andamiaje económico y social bastante concreto, que debe ayudar a sostenerlos en el poder a cambio de lo de siempre.

¿Son ocho meses suficientes para transformar la isla, para solucionar sus problemas más graves? Por supuesto que no. Pero es más que de sobra para ver los cimientos de lo que se está construyendo. ¿Instrumentos y medidas tomadas? Se han agotado los cargos no electos, asesores, directores generales, consejeros no electos, sin salirse de la rutina del enchufismo de amigos, compañeros y parientes. Se desaprovecha la oportunidad de colocar tres o cuatro especialistas, no más, que lideren un cambio profundo de carencias importantes como el ciclo del agua, el transporte público, energías alternativas e infraestructuras. Se vuelve apostar por personas que, al final de los cuatro años del mandato, su principal conclusión será lo mucho que ellos han aprendido de algo que desconocían completamente. Como si la gestión pública fuera una escuela de “analfabetos funcionariales” y no una corporación que debe prestar servicios y ejecutar obras con eficiencia.

Tampoco ayuda mucho a vislumbrar el “castillo” de la buena gestión que se aumente un 40% el gasto en promoción turística, que sigue consistiendo en traer más y más turistas, que duplique el despilfarro en un Saborea millonario que pasa de ser la promoción de los productos de la isla a un “barra libre” para restauradores y vividores de larga duración. Tampoco da buena imagen que pasen los meses y los aerogeneradores que tienen que producir la energía alternativa sigan durmiendo en los almacenes del Puerto de los Mármoles a más de 40.000 euros al mes. Y no hay ni señales de que se vaya a solucionar pronto. La misma falta de señales que se ven para la puesta en marcha de las dos potabilizadoras portátiles que se trajeron a “bombo y platillo” y que siguen sin producir agua. Tan fácil como conectarlas al mar y enchufarlas a la red eléctricas. ¡Qué son portátiles para eso! Con las guaguas siguen haciendo campañitas de engaño barato, de migajas, mientras se contenta a quien manda al que manda. Y se prorroga el contrato hasta que busquemos la manera de hacer algo que parezca que todo cambia sin cambiar nada. Se anunció que el socavón de Los hervidores “estaba solucionado” a la semana de llegar al gobierno pero allí sigue.

María Dolores Corujo tiene razón: la isla está saturada. No basta sino moverse por la isla, abrir el grifo, ir a un restaurante, intentar alquiler un piso, ir al hospital o ver la cola que se forma en Las Montañas del Fuego, o los atascos y accidentes en las principales vías para darse cuenta. Y Oswaldo Betancort tiene razón al decir que está muy mal gestionada. Pero de ahí no salen. Ni salió María Dolores ni va a salir Oswaldo, aunque sea él ahora el que tiene en sus manos el timón de una isla que va proa al marisco. Y parece que con Oswaldo solo se acelera la velocidad. En fin, un verdadero diálogo de besugos.

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