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Tú, corrupto

M.García Déniz

 En el último año, Lanzarote ha vivido marcada por el desembarco en la isla de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil y el despliegue judicial instruido por el ya más que conocido juez César Romero Pamparacuatro.

Todos nos hemos quedado anonadados viendo como entraban políticos, empresarios, técnicos y amigos de ellos a los coches de la Benemérita para acabar, primero, en los calabozos (descubrimos que estos cuartuchos existían), luego en el Cuartel de la Guardia Civil, después  más horas de declaraciones en los Juzgados y, finalmente, una decenas de ellos han pisado la cárcel de forma provisional. Todos, a excepción de uno, están ya en la calle. Eso sí, con imputaciones que recogen al dedillo casi todos y cada uno de los artículos del Código Penal que hacen mención a la corrupción.

 Vamos  a intentar no caer en la rutina que ya conocemos. Sin ponernos a recitar el nombre de todos los imputados, presuntos delitos, cantidades y las conversaciones más calientes de la parte del sumario que ya es público, vamos a sincerarnos. ¿Realmente nos sorprende tanto? ¿Entre nosotros, qué nos sorprende? ¿Lo que se descubrió o lo que se hizo para descubrirlo? ¿Los cuerpos de machotes de los “Ucos” o los enclenques de los detenidos? Sinceramente, compadezco a los creyentes, que no tienen más remedio que sustentar sus expectativas a base de fe. Pero repudio a los hipócritas, a los que hoy, sin apenas desprenderse del todo de los ropajes de ayer, se arropan con los tiempos nuevos que garantizan tantos ingresos como siempre y, además, permiten ponerse al lado de los buenos. Aunque ellos creen que buenos del todo no pueden ser cuando les admiten a ellos en el club. Sí, es de Marx, pero de Groucho, o sea, de risa. No, de pena.

 Sinceramente, me da asco ver como aquellos que han estado amasando durante todo este tiempo, ahora vociferan como unos recién llegados. Los que no los conocen pueden llegar a pensar que han salido de los más altos círculos y no de los chiqueros en los que se han movido.

 Te los ves, echándose la mano a la cabeza, haciendo ademanes de protesta, de insulto, de recriminación. Y, entonces, te ríes. Si ese… ¿Sabes quién es ese?... Ese, sí, ese era el socio del que metieron ayer en prisión, el compañero de juergas del que salió hace dos días y  el que se enfadó con el que salió imputado hoy porque aquella obra no se la dieron a él como siempre. Pero ese no es uno. No, no es uno sólo. Son muchos. Y reaccionan  igual. Sorprendidos de lo que hacían los otros. Serán hipócritas.

 

Lo que estaba pasando, salvando nombres y cantidades, casos concretos y horas, lo sabíamos. Hubo quienes, entre los que me incluyo, estuvimos denunciando desde los años 80 comportamientos indeseables y la marabunta siguió por otro lado. Ni caso. El dinero y el poder estaban en el otro lado. Hoy, muchos de aquellos vuelven a estar en la puerta. Lejos de purgar por sus equivocaciones, dislates, connivencias y enriquecimientos ilícitos, esperan que esta actuación los coloque a la cabeza del pelotón de los honrados.

Pero no lo conseguirán. No, no lo conseguirán.  Precisamente, si ellos se ponen a la cabeza, si son ellos los elegidos para estar delante de este pelotón, está claro que este pelotón no es el de los honestos. Y si realmente es un pelotón de gente honesta, estos no podrán estar. Eso lo sabemos usted y yo.

 

Ahora sólo falta esperar, ver si realmente prevalecen las buenas intenciones y no se cede ante los que están convencidos de que la honestidad, como la virginidad, sólo se pierde una vez pero se puede remendar en muchas ocasiones.

Espero. Soy escéptico pero estoy abierto a sorpresas. Esa sí sería realmente una sorpresa. Y una alegría. Principalmente para aquellos que sí se sorprendieron con todo lo que ha pasado, que realmente quieren que paguen todos los que son y que el futuro esté en mejores manos.

 

Que bueno es tener fe. Cuando se tiene, no hay que esperar a que se produzcan las cosas para creérselas. En fin, cada uno es como es. Somos como somos. Y cuánto les cuesta a algunos aceptarlo y a otros descubrirles.

 

 

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