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Los huevos de Astrid

Con cara de circunstancias, por supuesto adversas, Astrid Pérez decía que los trabajadores de los Centros de Arte Cultura y Turismo (CACT) le habían tirado un huevo. Sólo uno, con lo que habría que aclarar que quien lo hizo, a pesar de su atrevimiento, no puso todo la carne, o si quiere todos los huevos, en el asador, a la hora de gamberrear.

Una treintena de trabajadores de los CACT, los más radicales y próximos a sindicatos, no acepta el plan de viabilidad que la consejera presentó ayer tarde-noche en el Consejo de Administración del Ente Público Empresarial de Lanzarote y sacaron lo peor de sí mismos para manifestar su contrariedad. El Comité de Empresa abandonó la reunión, con lo que lo único que queda de la expresión de los trabajadores se reduce al espectáculo bochornoso ofrecido por una treintena de ellos. Lejos de representar la imagen que tenemos de los trabajadores de los Centros, nos ofrecieron la peor de sí mismos. Aún así, para mí este suceso no es si no una anécdota. Con o sin huevo.

 

Lo importante son los Centros y su futuro. El pasado ya lo conocemos. No quiero empezar con la retahíla de que tienen 16 pagas, bolsa de vacaciones, horas extras a tutiplén, la mayor rigidez laboral de cualquier empresa y, esto es lo más grave de todo, unas pérdidas que ya les impide mantener la fiesta del derroche de estos años, pagar semejantes privilegios y a proveedores y  ponen en riesgo la supervivencia de la empresa.

 

Dejemos claro que la culpa de esta situación no es de los trabajadores. Ellos no han tomado ninguna de las decisiones que afectan a la empresa. Ninguna. Sólo en las cooperativas y sociedades laborales son los empleados, por ser a su vez propietarios, los que deciden cómo, cuándo y qué se hace en la empresa. Los Centros no son ni una cosa ni la otra. Los trabajadores no tienen la culpa. Ninguna. Otra cosa distinta es que el coste de la masa laboral sea insostenible. En eso, creo que no hay dudas. Hay que actuar y se actuará contra la actual organización del trabajo, se tendrá que racionalizar los gastos de complementos, horas extras y más excesos. Incluso dudo de que no tengan que prescindir de mano de obra excedente. Es de cajón que tiene que hacerse así. Y se hará. Y si no se hace ahora, peor para los trabajadores.

 No hay solución para los Centros Turísticos si no se afronta el coste de la masa laboral. Eso es así. No cabe duda. Si de los 19 millones de ingresos, 13,1 se van por la cañería de los costes salariales, no se puede mirar para otro lado. Si, además, el grueso de los trabajadores se concentra en una actividad, la hostelería, que es la que aporta los principales gastos y cuya explotación tiene resultados escandalosamente negativos, no hay otra.

 Esa es la realidad, fruto de la irresponsabilidad, mediocridad, electoralismo e insensibilidad de unos políticos que a la vez que defienden las empresas públicas dan los mejores ejemplos para que nadie confíe en las mismas. Además, la cosa no es nueva. Ahora está peor, pero no es nueva. La tendencia se sabía y se agravaba convenio laboral tras convenio laboral. Los trabajadores pedían la luna y los políticos sólo sumaban los hipotéticos votos que ganaban o perdían si decían sí o no. Acabaron siempre diciendo que sí y los trabajadores se quedaron con la luna llena. Los trabajadores llegaron a creerse que los Centros eran de ellos. Tremenda equivocación. Pero tal como se hacía las cosas no me extraña que lo creyeran. Ahora, la cosa es distinta.

 No queda más que apechugar con la que se viene encima. Y tendrá que hacerse con sudores y lágrimas. No cabe otra. Pero sin abusos. El objetivo debe ser sanear la empresa, favorecer que cumpla su doble objetivo de iconos de Lanzarote y  financiadores del Cabildo. Pero con respeto, con mano de hierro en guante de seda, si se quiere. Pero con respeto, por ambas partes. Buscando puntos de entendimiento, racionalizando la gestión, optimizando los recursos pero sin dejar, tampoco, en manos de nuevos ejecutivos sin experiencia en el sector público todas las estrategias porque se puede caer en técnicas de indeseables.

 Astrid ya tiene un huevo: se lo tiraron los trabajadores más gamberros de los CACT. Ahora, sólo hay que ver si tiene el coraje y la valentía para, en plena campaña electoral, en una situación de crisis dolorosísima, meter racionalidad en la empresa, tomando duras decisiones pero haciéndolo con el mayor respeto. No quiero una Astrid que presuma de ser la más rápida disparando contra los trabajadores, tampoco una Astrid consentidora. Sé que tiene buenas intenciones, pero también sé que sólo con eso no se sale de la situación en la que están los Centros Turísticos.

 De esta situación, no se sale con un huevo solo. Y menos si proviene de los trabajadores más gamberros del colectivo.      

 

 

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