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Sanz

Reconozco que no soy un seguidor de Alejandro Sanz. Al igual que adelanto que da igual que me guste o no para exponer lo que quiero apuntar. Hubiese tenido la misma reacción si hubiesen traído a Lanzarote, por semejante precio, a cualquier premio Nóbel o a todos juntos. No es cuestión de méritos. Lo es de oportunidad.

No se puede escenificar una cosa y la contraria a la vez. Por un lado decirnos que tenemos que apretarnos el cinturón, que la administración esta fatal y que no esperemos más de lo que se puede dar en estos tiempos. Y es comprensible y lo comprendemos. Pero después viene lo contrario. No digo que no se celebren las fiestas en honor a San Ginés y que se haga con un programa digno. Pero una cosa es eso y otra cosa muy distinta es gastarse más de 200.000 euros en traer a Lanzarote a este señor cantante. También me hubiese manifestado en contra en tiempos de vacas gordas, aunque en esas situaciones la idoneidad se relativiza más. Ni tan siquiera en esas épocas es normal semejantes gastos  por eso se explica menos ese interés en tirar por la chequera cuando todos entendemos que no se haga.

 Hablan de ventas de entradas y solidaridad. Se puede decir lo que se quiera. Justificaciones varias. Pero sigo sin ver la necesidad de traer a este señor en este preciso momento en el que todos estamos más interesados en otras cosas. Sobre todo, esas miles de personas que están en paro, esas decenas de organizaciones deportiva y culturales que ven en riesgo su financiación y los vecinos en general que hacen esfuerzos y reciben regalos de lujo cuando lo que están esperando es que les ayuden a cubrir las necesidades básicas.

La política parece que está hecha por extraterrestres. ¿Tan difícil es mirar para los vecinos y ver cómo lo están pasando? Esta situación necesita más sensibilidad que un par de canciones de Alejandro Sanz.

 

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