
Esta semana vimos en el rico país europeo español una de las imágenes más horribles que puede presentar una sociedad que se presupone desarrollada. La estampa de ‘El olvido que seremos’, y aquí adopto el título de la novela de Héctor Abad Faciolince, para describir un tétrico ejemplo de malparidez cósmica, para reseñar el retrato de un sistema basado, regido y bendecido por el capital y la clase política arrodillada a su servicio, para describir la foto de nuestro fracaso como sociedad civilizada, o más bien caníbal y salvaje, donde el fin sí que justifica los medios.