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Burgos, un mundo entre la Catedral y el Museo de la Evolución

Una catedral impresionante, en una ciudad dinámica

El Camino de Santiago, desde Lanzarote (VII)

Entré en Burgos rápido, caminando a paso ligero, adelantando a peregrinos y peregrinas, solo. Saludé a muchos porque después de cinco días de caminata y compartiendo camino y lugares de ocio al llegar al final de las etapas, acabas identificándolos a casi todos y hablando con muchos. A pesar del hecho de que sean extranjeros, de países lejanos, y apenas hablan español, la curiosidad por saber hace que experimente con el rudimentario inglés de mis años de escuela e Instituto, porque en el periodo universitario no hubo idioma extranjero. Caminaba por la orilla del río Arlanzón, que atraviesa la ciudad llevándonos hasta el mismísimo centro histórico. Paso por delante del Museo de la Evolución Humana, uno de los objetivos de esta estancia ampliada en Burgos, y cruzo el río para acceder a la zona antigua por el Puente de Santa María, paso por debajo del arco del mismo nombre y me quedo extasiado con la maravillosa catedral que se presenta majestuosa delante de mí. También impresiona la importante presencia del recuerdo del Cid que tiene escultura y múltiples referencias.

La catedral de Burgos, de estilo gótico, es una de las principales referencias de la ciudad.

 Pasé por la plaza de la catedral y por una de sus escalinatas accedí a la parte trasera, donde estaba el hotel donde pasamos dos noches. Sólo con esa primera vista, con la llegada de una suave caminata, vale la pena la visita a esta ciudad que no conocía. Pero, me aseo, espero al compañero Pepe Reyes, y vamos a disfrutar de una comida típica burgalesa en un restaurante también señero en la ciudad desde 1912. En Casa Ojeda, el cordero es la principal referencia. Nosotros lo acompañamos también con unas morcillas y chorizos y un buen vino de la zona. Después de comer y descansar un poco, iniciamos, a la tardecita, un recorrido de aproximación al Burgos que desconozco.

Nos despedimos de unos cuantos peregrinos que tienen en Burgos su última etapa por este año. Suele ser así, en las ciudades grandes del Camino de Santiago, hay gente que se incorpora o se sale del Camino, aprovechando las mejores comunicaciones de estas para llegar a sus lugares de procedencia. Me despedí de dos australianos con los que había hablado en algunos descansos de etapa y también de dos señoras noruegas que nos adelantaron en unas cuantas ocasiones con un caminar tan rápido y constante que hasta a mí se me hacía difícil mantener el ritmo. Es verdad que se valen de esos palos nórdicos que, al final, llega uno a creer que las impulsa con demasiada facilidad. También se bajaba del camino en esta estación una madre e hija austriacas, que vinieron al Camino para celebrar juntas que la hija se había graduado en Ciencias Políticas. A otros, por la tarde, les vimos de cháchara en las animadas calles de bares y vinos que hay cerca de la catedral. Pero no quisimos extendernos demasiado, queríamos aprovechar el día siguiente para conocer bien Burgos y sus principales referencias.    

La visita al Museo de la Evolución Humana es obligada. Si te gusta la ciencia, tendrás horas de entretenimiento de calidad. Si no te gusta, la moderna tecnología aplicada a la recreación también captará tu atención.

    

Me desperté con el mono de las caminatas sacudiéndome el cuerpo. Casi me pongo las botas y la mochila. Pero también me llamaba ver Burgos, dedicarle un día a la ciudad después de cinco entre viñedos, trigo y pequeñas poblaciones. Salí temprano del hotel, solo, y recorrí unos cuantos kilómetros soportando el frío amanecer. Aunque estábamos en los últimos días de mayo, los cuatro o cinco grados a primera hora de la mañana se repetía día tras día. Pero me gustaba esa sensación fría en la cara, mientras caminaba primero por las calles antiguas y después por la ciudad que ha crecido de forma considerable en los últimos años.

Burgos me sorprendió muy positivamente. Junto a la impresionante belleza de su dominante catedral de estilo gótico, construida en el siglo XIII, y sus alrededores históricos ha crecido una ciudad dinámica realmente admirable. El desarrollo industrial y su estratégica situación en la logística de comunicación han permitido que se convierta es la segunda capital de provincia de Castilla y León más poblada, con unos 170.000 habitantes, por detrás sólo de Valladolid (unos 300.000) y por delante, incluso, de León ( unos 130.000).

Mi primera visita a Burgos, con llegada a pie y de peregrino, me deja un buen recuerdo y ganas de volver. Tiene, además, una excelente oferta gastronómica y un ajetreo de ocio muy vivo, donde la presencia de los peregrinos recuerdan que el paso del Camino de Santiago ha sido fundamental para su desarrollo a lo largo de los siglos.

Catedral gótica y Museo de la Evolución

El primer lugar donde acabamos nada más desayunar fue la catedral. Su impresionante estilo gótico, su construcción hace casi mil años, en el siglo XII, y su bien armado interior, colmado de capillas, santos y ventanales te transportan a otra época, en la que profundiza la autoguía. Salimos del pasado para acercarnos, ya fuera de la zona histórica, pero al lado del río Arlazón, al impresionante Museo de La Evolución Humana, donde se recrea y promociona las investigaciones realizadas en el Yacimiento de la Sierra de Atapuerca, Patrimonio del Humanidad, que vimos hacía dos días al llegar a esa población, a través de la Fundación Atapuerca. Es la gran apuesta de Burgos para complementar su oferta de ocio turístico y singularizarla con la perspectiva de la investigación y exposición. Tanto la exposición permanente como el propio Complejo de la Evolución son un atractivo por sí mismo. Inaugurado en julio de 2010, ofrece la posibilidad, además de conocer la teoría de Charles Darwin  de forma más explícita y recreativa, la de ver fósiles originales procedentes de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca. Las dos horas que estuvimos en su interior han sido muy instructivas. Y satisfactorias.

Pateo urbano

Después de visitar las dos grandes citas de Burgos, las que traíamos apuntadas como irrenunciables, nos tomamos el día de forma más relajada. Volvimos a la parte histórica para comer, y lo hicimos en un restaurante de la misma plaza de la catedral. Con aquellas vistas de referencia, a pesar de que el frío seguía vivo, cualquier cosa nos apetecía. Por la tarde dimos una vuelta larga, caminando, para ver la Cartuja de Miraflores, Paseo del Espolón, Plaza Mayor y volver a los alrededores del casco histórico para, entre Las Llanas y la Plaza de Las Flores, y alrededores, tomarnos primero un café y luego un picoteo.

Nos retiramos pronto a nuestros cuarteles de invierno. Al día siguiente tocaba caminata larga y su correspondiente madrugón y esas cosas hay que tomárselas en serio y bien descansado. Y la estancia en la ciudad no ha sido tampoco un descanso para las piernas. Con tanta visita y recorridos urbanos habíamos superado los veinte kilómetros de pateo, casi tanto como una jornada normal de caminata. Aunque la diferencia es significativa. Aquí se hacía entre actos, después de visitar los museos, bares , restaurantes y ofertas similares y no de forma continua y a paso ligero como habíamos hecho los cincos días anteriores y pensamos hacer en los seis próximos hasta llegar a otra gran ciudad del Camino: León. Pero eso será dentro de una semana, la próxima cita es Hontanas, un diminuto pueblo de esta provincia, que se encuentra a más de treinta kilómetros de la ciudad de Burgos.

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