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Ancha es Castilla

Interminables fincas plantadas de cereales en un paisaje ampliamente humanizado y llano

El Camino de Santiago, desde Lanzarote (VIII)

Después de la visita turística a la entretenida y escultural ciudad castellana, volvemos al Camino con más bríos si cabe. Nos esperan por delante 32 kilómetros para llegar al final de etapa en el pequeño pueblo de Hontanas, nombre que proviene del latín Fontana, fuente en castellano. En Tardajos, a casi once kilómetros de Burgos y más de 20 del destino de la jornada, tomaremos el desayuno. Toca caminar, desear Buen Camino al resto de los peregrinos que ya conocemos hasta por su nombre y aprovechar el tiempo para reflexionar en un día que se muestra con claros cambios de tiempo y una dura caminata. El Camino se puede hacer en grupo, en pareja o como se quiera pero siempre se acaba afrontando con los pies y la fuerza mental de cada uno. Muchas veces, los grupos se abren en filas india, con separaciones considerables entre uno y otro, porque, al final, el ritmo de cada uno marca su propia forma de andar y su finita existencia.

 

¿DÓNDE ESTÁ HONTANAS? Llevamos más de treinta kilómetros recorridos desde que salimos de Burgos por la mañana. Más de diez kilómetros en una llanura verde de cereales donde el cantar de los pájaros me recuerdan mi infancia en la Costa de Tías. Pero no vemos el pueblo de destino, que tendría que estar delante de nosotros ya. Hemos seguido las flechas. De hecho, hay una delante de mí en este momento. O sea, no cabe duda que estamos en el Camino. Y encima empieza a llover. Caminar en la Meseta, a 800 metros de altura del mar, en una planicie inmensa, es como estar en el cielo. Casi flotas, pero también sabes que no hay nada que te proteja de la lluvia, del viento o del calor. Estás sobreexpuesto. Ya quiera Santiago que aquel campanario no sea imaginario y que pertenezca a Hontanas, el pueblo con nombre de fuente en latín. Las piernas ya me están pidiendo una tregua. Y el estómago pide su ración diaria de menú del peregrino.

¡HONTANAS, AL FIN!, SE MANTUVO OCULTO HASTA EL ÚLTIMO MOMENTO. Parece que es un pueblo que nació de cesárea. De una rendija hecha en plena planicie con el discurrir de un río que emula un bisturí. Nos cogió la lluvia. Hubo que desplegar los impermeables y descender por el pueblo en busca del hostal. Apenas tiene unos cien habitantes, pero son gente agradable. Nos quitamos el macuto o la mochila, nos metimos en el primer bar y ya lo demás nos importa poco. Que llueva, pero que de postre haya arroz con leche con mucha canela y una rajita de limón. casi treinta y tres kilómetros, cerca de ocho horas con un clima ingobernable. Que llueva café.

DE HONTANAS A BOADILLA DEL CAMINO. ADIOS, PROVINCIA DE BURGOS; HOLA. PALENCIA. Salimos temprano de Hontanas, dejándonos llevar por la pendiente que nos lleva a un cañón plantado de cereales para devolvernos a la carretera general. Apenas tiene arcén pero se ven pocos coches y se camina con rapidez a la sombra de unos portentosos fresnos. A 9,2 kilómetros tenemos la última villa burgalesa en el Camino, Castrojeriz, y ahí desayunamos antes de afrontar, a los 13 kms., el acusado repecho del Teso de Mostelares, con un desnivel de 140 metros, que nos lleva desde los 777 metros de altura a los 917, con una pendiente del 11%, para dejarnos arriba, en otra planicie "made in" Castilla que nos devolverá al paisaje inabarcable de Tierra de Campos, conocido también, y con mucha razón, como granero de España. Ya vemos el espectacular colorido de flores silvestres entre cultivos a las puertas de Castrojeriz.

EL TESO DE MOSTELARES se convierte en la principal dificultad del día. Es un repecho pegajoso pero te da unas vistas espectaculares de Castrojeriz y su llano entorno. Y, además, nos lleva a una planicie donde la mayor irregularidad del terreno somos nosotros mismos.

Y CRUZAMOS EL PISUERGA Y YA ESTAMOS EN PALENCIA. Adiós, Burgos, adiós. Tus tierras quedan separadas de las de la provincia de Palencia por este río que también pasa por aquí. Cruzamos el puente y enfilamos hacia el primer pueblo palentino que se presenta en el Camino, Itero de la Vega, rodeados de terrenos plantados de verduras y legumbres. Me apetece ya una buena ensalada fresquita, y una tortilla española hasta el tuétano del par de huevos frescos de gallina de corral. No sé si se hace camino al andar pero un huequito en el estómago sí que me deja.

Llegamos a Boadilla del Camino amenazados, de nuevo, por unas nubes negras que se nos venían encima. La paradita que hicimos en Itero de la Vega nos dio el alimento y las fuerzas necesarias para afrontar la última parte del camino. Tenemos ya más que comprobado que caminamos mejor después de comer que alargando la caminata para almorzar al final. Ocho horas después de haber salido de Hontanas, llegamos a Boadilla del Camino, un pequeño pueblo de casas de adobe que, como otros muchos de la zona, parece que tiene más casas que habitantes. El despoblamiento de los caseríos castellanos es una realidad innegable. La actividad económica de muchos de ellos se sostiene gracias a los cientos de peregrinos que buscan comida y hospedaje en ellos. Por eso es tan importante que estén marcados como final de etapa. Eso garantiza la llegada diaria de un montón de gente que consume y dinamiza el pueblo. Han sido casi treinta kilómetros por los últimos tramos de Burgos y los primeros de Palencia, en el Camino de Santiago.

UN PASEO HASTA CARRIÓN DE LOS CONDES. Salida tranquila de Boadilla del Camino, en un día sin demasiada exigencia. Apenas unos 25 kilómetros por zona llana y cómoda a estas alturas nos parece un paseo por tierras palentinas antes de almorzar. Hasta Fromista, vamos pegaditos a la canalización de Canal de Castilla. Allí ya desayunaremos antes de hacer el recorrido en paralelo a la carretera hasta Revenga de Campos y Villarmentero de Campos.

MOJONES JACOBEOS, ALINEADOS DE DOS EN DOS. Los palentinos parece que lo tienen claro: más vale que sobren. Aquí los mojones del Camino vienen a pares, aunque caminemos en una llanura inacabable y en paralelo con la carretera general. Así es más fácil partirte un pie por chocar con uno de estos numerosos, y dobles, mojones que perderte.

EL PAISAJE DE CASTILLA, EN ESTE TIEMPO, antes de la recolección, aunque es un paisaje mecanizado más que simplemente humanizado, me resulta bonito. Por supuesto, no me hago la idea de caminar por estos mismos caminos en julio y agosto, a más de treinta grados, sin ninguna protección y con los campos convertidos en una sucesión de tierra seca. Pero, ahora, este verdor, de cereales e hierbas silvestres en flor, acompañado por el incesante cantar de los pájaros me resulta muy agradable. Tanto como la conversación en la cena del albergue de Boadilla del Camino, que compartimos con un grupo de brasileños, italianos y belgas. Este encuentro con personas de todo el mundo convierten el Camino de Santiago en algo muy especial. Perdidos en pueblos casi despoblados, caminando decenas de kilómetros diarios, en medio de la nada castellana te encuentras a peregrinos procedentes de países que apenas conoces y es una oportunidad para saber de aquellas naciones y de sus sensibilidades. Es tal la presencia extranjera, que metidos en los andares del camino, a veces, al llegar a los pueblos, te sorprendes de que los castellanos de a pie hablen tan bien el español y uno los entienda. Esa presencia de canadienses, americanos, brasileños, venezolanos, japoneses, coreanos, sudafricanos, neozelandeses, australianos o peregrinos de casi de todos los países europeos es otra de las grandes aportaciones culturales del viaje a pie por estas tierras. La foto es en cerca del pueblo de Villalcázar de Sirga.

Llegamos a Carrión de Los Condes, el pueblo que está a la orilla del río Carrión. Y que ha sido pueblo de reyes y de dos condes que se repartían su dominio. Toca quitarse las botas y almorzar. Después de seis horas y media de caminata y recorrer 25,7 kilómetros, me apetece un montón una buena ensalada y un poquito de cordero. Estamos en Castilla, eso no será un problema.

VIA AQUITANA, ROMA MÁS DE DOS MIS AÑOS DESPUÉS. Salimos temprano, como siempre, de Carrión de los Condes, destino a Moratinos. En realidad, la jornada tenía que acabar en Terradillos de los Templarios pero, como era larga, nosotros decidimos alargarla un poquito más y pernoctar en Moratinos. Al final nos esperan unos 33 kilómetros. Pero no importa, lo que hacemos de más en esta se lo estamos quitando a la siguiente, a la penúltima de este año, que también es muy larga y precede a la que nos lleva a la ciudad de León, que tiene más de 40 kilómetros. En esta ruta nos encontramos con un descampado histórico, pero descampado al fin y al cabo. Más de 13 kilómetros sin ver pueblo alguno. Pero vamos por la Vía Aquitana, calzada romana que unió en aquellos tiempos pretéritos y gloriosos para el César a Burdeos con Astorga y que ahora, más de 2000 años después, se conserva para que nosotros podamos pisarla con botas muy distintas a los calzados de romanos, gladiadores y césares varios. Es una recta impresionante, con una hilera de arboles en el margen izquierdo en una parte y totalmente descubierta en la parte final. Y hace un calor que raja las piedras y las cabezas. Y nosotros sin desayunar. Hasta el kilómetro 17 que lleguemos a Calzadilla de la Cueza no habrá zumo de naranja, café con leche y pincho de tortilla. Hice un esfuercito para no acercarme a la furgoneta que vende bocadillos, café y refrescos a mitad de la vía Aquitana. A ver si me la quito de encima. ¡Ave Cesar!

EL DESAYUNO, EL MOMENTO DE REPONER FUERZAS Y SOCIALIZARSE. Ahí está la respuesta, en ese albergue, bar, tienda y principal ilusión a lo largo de la mañana. Calzadilla de la Cueza. Aquí llegamos después de 18 kms, cansados pero con la mitad del trabajo ya hecho. Toca desayunar e intercambiar opiniones con el pelotón internacional para chequear ánimos y expectativas.

LLEGAMOS A MORATINOS. Cansados, aunque hicimos una parada en Terradillos de los Templarios, un pequeño pueblo, de casas de adobe e historia vinculada a los templarios, para comer en un albergue. Después, el calor era insoportable en el llano de cereales que nos tocó recorrer. Al hacernos la foto en la entrada de Moratinos, una americana de Oklahoma y una lituana se sumaron a la misma. Tardaron más en hacerse la foto que en desaparecer. Sus razones tendrían. 33 kms, más de ocho horas caminando. Me ducho y a la cama.

UN NUEVO DÍA, UNA NUEVA ETAPA. Hay que aprovechar la mañanita porque, después, hace mucho calor. Caminar todos los días una media de treinta kilómetros conlleva, además del esfuerzo físico y la adaptación mental para no agobiarse con las horas de camino que quedan, un tratamiento amable a los principales sacrificados: los pies. Nada más despertarse, los primeros mimos son para ellos. Limpieza a conciencia, después crema hidratante y revitalizante y la incorporación de dediles de silicona en los dedos para prevenir rozaduras y calenturas. Un calcetín sin costuras y unas buenas botas y ya estamos preparados para someterlos un día más a una caminata de más de treinta kilómetros. De aquí, de Moratinos, en Palencia, a El Burgo Ranero, ya en la provincia de León, a cuarenta kms de la ciudad, que alcanzaremos en la siguiente etapa, la última y más exigente de este año.

SAHAGUN se nos presenta en su zona vieja superada la zona ferroviaria. Con su arte mudejar en las iglesias y el arco barroco de San Benito, nos muestra el esplendor pasado de una ciudad que en la actualidad tiene una importante dimensión y es referencia en la zona. Estamos ya en la provincia de León, que es la que más kilómetros del Camino de Santiago tiene, nada más y nada menos que 214,4. Nosotros apenas patearemos unos setenta porque nos quedaremos, este año, en León y el próximo ya seguiremos. Nos hemos despistado, nos hemos salido de Sahagún y no hemos desayunado. Y un paso atrás ni para coger carrerilla. Así que retrasamos el desayuno a Calzada del Coto, aunque eso signifique salirse un poquito del camino, sólo un poquito.

VOLVER A LA FLECHA AMARILLA. A veces, las flechas señalan para dos lados distintos. Unas para acá; otras, para allá. Se trata de caminos alternativos, que se pueden seguir, pero que hay que confirmar que no se pasan de tu destino del día. En fin, que en caso de muchas flechas, hay que intentar no hacer el indio porque si no pasa lo que nos pasó. Desayunamos en Calzada del Coto, era sencillo volver al camino original y seguir. Pero no, nosotros queríamos hacer el alternativo, el que nos llevaba al pueblo de Calzadilla de los Hermanos. Empezamos a caminar, caminamos, caminamos y caminamos. Cuando llevábamos unos cuatro kilómetros nos dimos cuenta que por allí sólo ibamos nosotros. Es verdad que había flechas amarillas pero de indios nada. A regañadientes, volví a leer la guía Eroski y, claro, aquella alternativa nos devolvía en nuestro camino en Mansilla de Mulas, 19kms más allá de donde tenemos que pernoctar. Sorpresa mayúscula, media vuelta, y a volver otra vez a Calzada del Coto. Tuve la tentación de cruzar un terreno lleno de hierba para acortar camino porque había que hacer un recorrido en especie de U y plantarme en 400 metros donde me llevaría recorrer por el camino casi cuatro kilómetros. Pero el compañero no quiso y ya hemos vuelto a alargar la caminata del día unos siete kilómetros. Y volvemos al páramo, sin pueblos, y con ganas de comer. Es hora de meditación profunda.

LLEGAMOS A EL BURGO RANERO. ¡Nos costó eh! 34 kilómetros, con un plus de siete, a estas alturas de la película en ocho horas y media no está nada mal, incluida la comida en un bar de carretera en el pueblo Bercianos del Real Camino. En los siete últimos kilómetros, los que median entre Bercianos y El Burgo Ranero nos distanciamos. Y cada uno, bajo un calor que rozaba el sofoco, llevó su carga y sus pensamientos en una soledad vigilada. En estas llanuras te distancias pero estás a la vista. A medida que se acercaba el panel del inicio del pueblo, nos íbamos acercando a él y entre nosotros para inmortalizar la entrada juntos. Penúltima parada. Toca ducharse y conquistar el pueblo. Una cenita rápida y tempranera, para mañana estar a las seis de la mañana en planta para atacar León. Van a ser duros esos cuarenta últimos kilómetros de una atacada y con este calor. Además, los pies ya dan señales de agotamiento cada vez que superamos los 25 kilómetros y el resto del cuerpo pide una tregua. Todo se andará.

LEÓN COMO OBJETIVO. En más de una hora de camino, dejamos ya atrás El Burgo Ranero, Pasamos por La Laguna de la Manzana y dos kilómetros después ya estábamos a la altura del Arroyo de la Valle de la Granja y atrás quedó también el arroyo de Valdasneros. El andadero va en paralelo con la carretera, en este espacio característico mesetario donde parece que vas caminando por el cielo. Las piernas avanzan solas buscando su ritmo. Es como estar en el cielo, que para tratarse del Camino de Santiago no está nada mal. Pero me temo que a lo largo del día, con el calor y la enorme distancia que nos separa de León, bajaremos también a los infiernos. Además, queremos llegar a Reliegos, que se encuentra a 13 kilómetros, para desayunar allí.

Anoche no cené, ni di vuelta de reconocimiento al pueblo ni leche machanga. Llegué a la habitación, me duché y me senté en la cama para ponerme un poco de crema suavizante en los pies. Cuando me desperté ya eran las tres de la mañana. No me levanté pero tampoco me volví a dormir. Me mantuve despierto, en la cama, a oscuras, boca arriba, elogiando el milagro del cuerpo humano y la fuerza del sueño como ejercicio revitalizante. Apenas unas horas antes, estaba hecho polvo, sin querer pensar que al día siguiente tenía que caminar más de cuarenta kilómetros. En ese momento, en cambio, me encontraba bien. El sueño REM y la perfección de la maquinaría humana, con sus articulaciones y músculos que aseguran un movimiento armónico y su cuadro óseo que da consistencia no falla. Me hago un chequeo rápido mentalmente. En las extremidades superiores apenas tengo una llaguita en la mano izquierda de coger el palo ( lata, para los residentes canarios). En el tronco, una magalladura cerca de las axilas por el rozamiento de la mochila y una molestia lumbar de la que también culpo la carga que viaja en mi espalda. En las extremidades inferiores, las pantorrillas se muestran cargadas y los "cuatrillizos" (los gemelos de ambas piernas) también. En los pies, una pequeña ampolla anida en el dedo pequeño del pie izquierdo y zonas endurecidas en la planta del pie, que pueden molestar cuando ya llevemos unos veinte kilómetros de caminata. ¿Conclusión? Acto para caminar hasta León. Y para desayunar en Reliegos, el pueblo en cuya calle principal, Calle Real, impactó un meteorito en 1947.

PRUEBA SUPERADA. OBJETIVO CONSEGUIDO. LEÓN ES NUESTRO. Jornada dura: 40,21 kilómetros, diez horas y veinte minutos de caminata para cubrir la distancia entre El Burgo Ranero y León.¡Pero ya estamos aquí! Once días caminando para seguir el Camino de Santiago desde Logroño hasta León, y darle continuidad al trecho que habíamos cubierto en septiembre de 2015 que nos llevó desde Saint Jean de Pied de Port, en Francia, a Logroño, en siete duras jornadas también. Ya queda menos para llegar a Santiago, pero eso ya será el próximo año. Ahora toca matar la sed con una buena cerveza antes de ducharnos, descansar un poco y sumergirnos en el Barrio Húmedo para celebrar la conquista. Ha sido un día duro: duro por la distancia, duro por el calor y duro por la despedida. Dejamos a nuestros amigos del camino, abandonamos la senda temporalmente mientras ellos siguen en busca del apóstol. Al final, te encariñas con todos. Con los intelectuales brasileños, con las estudiantes americanas que buscan a los veinte años respuesta a sus preguntas de universitarias en el camino. De los nórdicos que muestran su caminar elegante. Los japones y coreanos que asisten callados pero sin pausa. Es una fauna humana diversa y enriquecedora como experiencia. Pero toca irse y celebrar la consecución del objetivo, aunque no sea la meta. La meta está en Santiago, pero no se irá de allí. ¡Felices! Más de 320 kilómetros de caminata. Por ahora ya está bien.

SE 

ADIÓS, PEREGRINOS, HASTA SIEMPRE. Me levanté temprano. Pero no me calcé las botas, ni me puse el pantalón de montaña ni cumplí con la parafernalia propia de la preparación de la caminata. Por supuesto, tampoco me eché a la espalda la mochila. Pero sí fui en busca de las flechas amarillas, de las conchas clavadas en el suelo en la calle Ancha y me planté delante de la catedral, a verles girar donde la flecha señalaba. Allí iba la hawaiana y su hija Rose, que me saludan con una sonrisa doble. Más atrás, las señoras belgas apoyadas en sus dos bastones. Las universitarias americanas vienen juntas y más habladoras que nunca. El profesor canadiense y sus hija me saludan desde lo lejos y los amigos brasileños me dan un abrazo y me desean suerte en la vida cuando, emocionado, les deseo "Buen camino". Sus pasos los siento como propios. Ellos siguen y esa sencillez del caminante me persigue entusiasmado. Caminar, poner un pie delante del otro, que aprendemos de pequeño y que nunca se nos olvida, puede ser, además de muy útil, una experiencia emocionante. Pocas cosas hacen tanto bien a la cabeza y al corazón como caminar, caminar y caminar. A nuestro ritmo, pero caminar. Avanzar, de acuerdo con nuestras posibilidades, en busca de las respuestas a nuestras preguntas. Y eso nadie puede hacerlo por nosotros. Sólo tú. Sólo yo. Solamente nosotros. ¡ Bye, bye! ¡ Buen camino!

ACABA LA VISITA A LEÓN. Una ciudad realmente interesante y agradable de visitar y vivir. Desde el Barrio Húmedo, zona vieja de la ciudad de calles estrechas y plazas habitadas de gente alegre, gastronomía ligera y vino a raudales hasta las orillas del río de las que destaca el Monasterio de San Marcos, hoy impresionante y lujoso Parador Nacional. El Museo de Arte Moderno, su zona comercial y su apuesta por la gastronomía dejan un imborrable recuerdo a cualquiera que llegue a esta ciudad de poco más de cien mil habitantes pero también de milenaria historia. El tercer peregrino, ausente en el tramo castellano, el asturiano José Manuel Rodríguez, se incorporó a la celebración y nos devuelve a Lanzarote, a través del aeropuerto de Asturias. La solidaridad del camino una vez más. ¿Seremos tres el próximo año en nuestro recorrido por lo queda de León y por Galicia? Las circunstancias y José ya dirán. Ahora toca vivir el recuerdo y soñar el futuro.

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