
Como viene sucediendo en los últimos años, Canarias crece económicamente y continúa generando empleo, en lo que resulta determinante el empuje del sector turístico. Lo que, al margen de la escasa diversificación económica y sus implicaciones medioambientales y sociales, podría considerarse, en una primera mirada, un periodo exitoso. Pero lo es menos, mucho menos, cuando ese persistente incremento del Producto Interior Bruto (PIB) no se distribuye adecuadamente, aumentando de forma sustancial los ingresos de las grandes fortunas mientras buena parte de la población atraviesa crecientes dificultades para desarrollar una vida digna. Cronificando la pobreza. Consolidando una sociedad cada vez más desigual.