
Se nos va 2024. Y se nos va como todo los anteriores: entre fiestas navideñas, bajas indeseadas e ilusiones futuras. Y se quedan ahí esos 365 días para darles entrada a otros tantos bajo la etiqueta “2025”. Y miro, desolado, buscando cosas y causas para hacer un artículo positivo, optimista, que me haga pensar que este año ha sido bueno para crear algo mejor. Obviamente, les escribo de lo común, de lo de todos, de lo que gestionan esos que se llaman políticos aunque ni ellos saben lo que son verdaderamente. Asusta pensar que se han aprobado presupuestos en Lanzarote para gastarse en este año que ahora acaba, entre ayuntamientos, Cabildo y empresas y entes públicos, por casi 500 millones de euros. Ya sé que nadie se acuerda de las pesetas pero para mí, y muchos de mi generación y anteriores, saber que este año se han fundido en Lanzarote, solo por esas entidades lanzaroteñas, más de 80.000 millones de pesetas me deja sudando. Y ya empiezo a tiritar cuando intento buscar en qué se han gastado semejante pastizal.